Califato

El momento más especial de mi vida.

© Pixabay

Por Mariya Waseem, Reino Unido

Mi relación con Su Santidad (aba) ha hecho que mi conexión con Dios se haya fortalecido.

Recuerdo cuando estaba haciendo mi licenciatura, tuve la suerte de poder estudiar un año en España. Quería desesperadamente ir a Madrid, ya que la veía como el epicentro de España.

Recuerdo que escribí una carta a Su Santidad (aba) para pedirle consejo sobre la ciudad a la que debería ir y le expresé mi deseo de ir escoger la capital como mi destino final. Cuando recibí su respuesta, Su Santidad (aba) me aconsejó que fuera a Córdoba. Por supuesto, obedecí sin preguntar, pero no pude evitar sentirme un poco decepcionada ya que, nadie que yo conociera en mi curso, iba a ir a Córdoba. Lo único que conocía de Córdoba, es que había una de las mezquitas que pertenecían a nuestra comunidad, la Comunidad Musulmana Ahmadía. Pero en ese momento, yo desconocía las bendiciones que me ocurrirían en el futuro.

Cualquiera que haya estudiado un año en el extranjero, habrá notado que a veces te sientes solo. Es muy divertido y fascinante vivir en una ciudad nueva, y uno nunca se aburre. Pero si es cierto que a veces se echa de menos la familiaridad del hogar. Además, me había acostumbrado tanto a vivir cerca de Su Santidad (aba), en mi ciudad de Londres, que ahora estar tan lejos me resultaba algo difícil.

El año que estaba estudiando en Córdoba coincidió con un evento muy especial para mí.

En ese mismo año, Su Santidad (aba) realizó un viaje a España, y se alojó en Pedro Abad, donde nuestra mezquita y donde a su vez Su Santidad (aba) se aloja en sus viajes a España. Pedro Abad, tan solo se encuentra a 30 minutos en coche de Córdoba, por lo que para mí era muy especial sentir su presencia tan cerca.

Tan pronto como supe que Su Santidad (aba) había llegado a Córdoba, sentí como si algo asombroso hubiera sucedido. Era la sensación que tiene un niño cuando su padre vuelve a casa del trabajo, ¡pura alegría!

 Creía que había creado un hogar en España, y de muchas maneras lo había hecho. Hice amigos que se sentía como si fueran miembros de mi familia, decoré mi apartamento con cosas que lo hacían como si fuera  mi verdadero hogar. Aunque me faltaba la sensación de estar mi casa de Londres, no me había dado cuenta de lo importante que era, hasta la llegada de Su Santidad (aba).

Tuve la gran suerte de poder reservar  una reunión privada con Su Santidad (aba),

casi en el último momento.

Estaba tan nerviosa que no había preparado nada. Recuerdo era un día caluroso, y nunca antes había sentido tal nerviosismo. Ya había tenido reuniones con Su Santidad (aba) previamente, pero nunca a solas, sin ningún miembro de mi familia. Llegó mi momento y me llamaron; su secretario privado abrió la puerta, y entré.

Al entrar en su oficina, el aroma del perfume de Su Santidad (aba), me invadió y alivió los nervios que tenía, reemplazándolos por la felicidad. Vi el aura que irradia de Su Santidad (aba), un aura que sólo está presente en él. Un aura especial, que muestra la fuerte conexión que posee con Dios.

Su Santidad estaba mirando sus papeles cuando entré. Leyó mi nombre. Dijo “¿Mariya Ibrahim?”; a lo que yo respondí “Mariya Waseem”. Entendí mi nombre estaba escrito de forma incorrecta.

Miró hacia arriba y me sonrió diciendo: “¿estás aquí?”.

Esas dos palabras me hicieron sentir en casa como nunca me había sentido, como si estuviera en los brazos de mi propia madre. En esas dos palabras, sentí que todo abandonaba mi cuerpo, cada sensación de preocupación o ansiedad que había tenido. Todo desapareció.

No me reconoció por mis propios méritos; sino más bien se debía a los grandes esfuerzos por parte de mi difunto padre, y de mi difunto abuelo, quien fue un misionero de la comunidad y secretario privado del previo califa.

“¿Estás aquí?” Dijo con una sonrisa. Esas dos palabras que parecen tan simples, me hicieron sentir muy cerca de él. Le expliqué que estaba estudiando en Córdoba durante un año.  A su vez me di cuenta de que no le había traído un regalo a Su Santidad (aba), ya que había sido informada en el último momento sobre dicha reunión. Me disculpé por ello.

Su Santidad dijo “tú no me das regalos, yo te los doy”.

 Sonreí y Su Santidad (aba) me dio un bolígrafo. La reunión continuó y Su Santidad(aba) me dio consejos sobre varios temas y  mis siguientes pasos a seguir tras finalizar mi carrera; los cuales han sido muy importantes para mí. Cuando me fui, sentí como si mis pies estuvieran flotando a unos metros del suelo. Esto fue realmente una experiencia espiritual. Fue entonces cuando entendí el verdadero significado del califato y lo que representa Su Santidad (aba).

Estuve solo por un año en el extranjero, que supuestamente fue el mejor año de mi vida. Pero ese momento, mi reunión con Su Santidad (aba) fue sin duda el mejor momento durante todo el año, e incluso diría que casi de toda mi vida. El sentido de calor que transmite Su Santidad(aba) es tan inmenso que tus lazos étnicos y nacionales no significan nada. Puedes encontrar tu hogar geográfico en cualquier lugar, pero el hogar de tu corazón está con Dios, y ese hogar sólo se hace más seguro y fuerte con la protección de califato.

Cualquiera que sea mi ubicación geográfica, frente a Su Santidad (aba)  no puedo evitar sentir que estoy donde debo estar.

Como persona de herencia mixta puedo afirmar de todo corazón que mi lealtad no se basa en mis raíces inglesas de mi madre, ni en mis raíces pakistaníes de mi padre, ni siquiera en mi nacionalidad británica. Mi lealtad está decididamente con Ahmadía y con el Jalifa del islam.

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