Califato Comunidad Musulmana Ahmadía

“Me di la paz con un musulmán”

Por Maximiliano Buss, Argentina

-Un gusto, ¿usted también es musulmán?
-No, yo soy católico.
-Bueno, ambos creemos en el mismo Dios

Hazrat Mirza Masroor Ahmad (aba) , líder musulmán, me dijo eso y me dio un firme apretón de manos en su despacho. El Jalifa (aba), de 68 años, tenía un gesto agotado aunque muy tranquilo. La entrevista de media hora me la dio un lunes, justo después de la Yalsa Salana,(convención anual) un evento que todos los años reúne a 35.000 fieles de 90 países en el valle inglés de Alton, en Hampshire.

Sentado detrás de su escritorio, su cabeza se torcía hacia la derecha como si fuera por el peso de su turbante. Estaba rodeado de libros, regalos, fotos de sus nietos sonrientes. Mirza Masroor Ahmad (aba) es el quinto Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Los áhmadis forman un movimiento reformador dentro del islam, separados de los grupos militantes o fundamentalistas.

El fundador de esta comunidad fue Mirza Ghulam Ahmad (as) , quien aseguró en 1889 que él era el mesías profetizado por las religiones monoteístas. Pero gran parte de los musulmanes consideran que los áhmadis son apóstatas y herejes, y por eso son objeto de persecución religiosa y discriminación desde su creación hasta la actualidad.

Pero a pesar de eso, la yihad -o esfuerzo que todo musulmán debe realizar para que la ley divina reine en la Tierra- no es de violencia para los áhmadis. Eso se ve en un cartel azul con letras blancas en el pasillo que conduce al despacho del Jalifa (aba) :

“Amor para todos, odio para nadie”.

Su Santidad (aba) , como le llaman a Masrur Ahmad (aba), emanaba un aire gracioso esa mañana, a pesar de que las arrugas de su cara le daban un aspecto serio si él no hablaba.

Desde este mismo escritorio dialoga con líderes mundiales para ofrecerle sus puntos de vista sobre los principios del Corán, las enseñanzas islámicas y los aconseja sobre cómo lograr la paz mundial. Su Santidad (aba) se reunió con la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, fue recibida en Capitol Hill en 2012 por la líder de la Cámara de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, y conversa a diario con varios presidentes africanos.

Ahmad (aba) creció en Rabwah, una aldea en Pakistán que sirvió como la sede mundial de la Comunidad hasta 1984, el año en que fueron expulsados. Criado en una casa devota, pasó tiempo ayudando en la granja de su padre. Su primer plan era ser médico, pero no tuvo éxito. También reconoce que intentó unirse al ejército, pero no lo logró.

Obtuvo una maestría en economía agrícola en una universidad en Faisalabad. Luego pasó ocho años en Ghana, donde fue director de una escuela en la que enseñaba técnicas modernas de plantación de trigo y riego.

Nunca dejó los puestos administrativos en la Comunidad áhmadi de Pakistán. Eso le costó en 1999 estar preso durante 11 días en una celda que tenía capacidad para 80 personas, pero con la compañía de otras 240.

Pero como destacan todos acá, los sacrificios de la fe conducen a Dios.

“Entonces llegué a esta posición que nunca podría haber soñado, incluso la persona más loca nunca puede pensar en eso. ¡Y ahora estoy sentado aquí!”, dice.

Él es el primer Jalifa elegido fuera de Asia. Mirza Masroor Ahmad (aba) vive en Londres con su esposa, Amtul Sabooh Ahmad. Tiene una hija, un hijo y 5 nietos.

Un día típico lo ve despertarse unas tres horas antes del amanecer para rezar en dirección a La Meca -a la que le prohibieron la entrada-, dormir una siesta, arreglar su jardín de flores rojas y arbustos verdes, disfrutar de un desayuno bastante pesado de cereales, huevos, pan y té antes de regresar a su oficina para responder cartas, dirigir oraciones, asistir a reuniones oficiales y audita los donativos de sus fieles, con los que se financia la comunidad.

“Entonces llegué a esta posición que nunca podría haber soñado, incluso la persona más loca nunca puede pensar en eso. ¡Y ahora estoy sentado aquí!”, dice.

Pero gran parte de su tiempo lo dedica a mantener correspondencia con otros niños. “Le preguntan qué color le gusta, qué animales le gustan y si tiene mascotas. Es algo muy sencillo pero para él es muy importante”, dice un colaborador de su despacho, al que no se puede entrar con celulares ni cámaras fotográficas ni grabadoras.

El Jalifa (aba) no siempre vivió en esta residencia al costado de la mezquita Islamabad, en Tilford, Surrey. Llegó acá el 15 de abril de 2019. Desde la migración del cuarto Jalifa aba a Londres en 1984 el centro de la Comunidad era la mezquita Fazl en Southfields, al suroeste del Big Ben.

En este predio se levantaron varias oficinas de la Comunidad Musulmana Ahmadía, una gran sala de usos múltiples y un complejo residencial enrejado y tapado con un cerco de madera. El templo al costado es un reflejo de la mezquita Mubarak en Qadian, India, que fue levantada por el fundador del movimiento y su Mesías Prometido (as).

Entre los cientos de musulmanes que visitan Islamabad después de la Yalsa, hay dos argentinos recién conversos: Santiago y Edith. Ellos tuvieron su reunión con Su Santidad (aba) , que también los escuchó en su despacho y les regaló varios libros para que sigan con su formación en el islam y para que conozcan más a la comunidad.

“Estuve nerviosísimo por lo que representa. Es el líder de una Comunidad de más de 130 años y fue elegido por eruditos y personas muy sabias. Yo quería preguntarle cosas por el simple hecho de tener un contacto con él. Me provocó mucho respeto. Destacó el compromiso de tomarse el tiempo de recibirnos, darnos la mano y evacuar nuestras dudas.”, dice Santiago.

Él fue rebautizado por el Jalifa aba como Bashir, que en árabe significa “él que trae buenas noticias”.

“Cuando nos convertimos dejamos atrás nuestras vidas. Eso incluye mi nombre. Eso me gustó. Yo interpreto que ahora que tengo este nombre tengo un trabajo de transmitir buenas noticias. Por ahora lo uso de a poquito con mis hermanos musulmanes. Más adelante me gustaría incluirlo en el documento nacional de identidad”, asegura.

Edith, en el camino a Islamabad, empezó a pensar que le iba a decir al Jalifa (aba) . “Ni bien lo vi me pareció una persona cálida y cercana. Yo lloré porque me sorprendió lo que me pasó cuando hicimos el juramento de lealtad o Bay’ah”, que contiene oraciones de arrepentimiento e implica una promesa de cumplir con el compromiso de fe al islam.

“Sentí que me abrí. Fue increíble. Cuando hice la postración, me pasó la vida como una película. Veía imágenes de momentos lindos y no tan lindos de mi vida”, recuerda.

Mirza Masroor Ahmad aba tiene ganas de visitar Argentina, donde la Comunidad a cargo del imán Marwan Gill tiene una docena de miembros, aunque el número no es fijo.

“Me gustaría que una Yalsa Salana (convención anual) también se realice en ese país y que podamos inaugurar una mezquita áhmadi en Buenos Aires, pero por el momento solo está en los planes a futuro. Ojalá el presidente (en ese momento, en 2019 Mauricio Macri) me invite para discutir esto y ustedes me reciban”, comenta con gracia el Jalifa.

El líder espiritual de los áhmadis -unos 17 millones activos en todo el mundo- ve preocupante que la extrema derecha haya cobrado fuerza en el mundo y dice que “ellos son extremistas”, al incitar a las masas “contra aquellos con distintas creencias o color de piel”.

Creo que es imperativo que toda la humanidad, al margen de su credo, casta o color, se esfuerce por respetar los valores humanos básicos de paz, compasión, tolerancia y respeto mutuo. El islam enseña que debes cuidar incluso a los hijos de tus enemigos”, dice.

Sobre el extremismo islámico considera que “no libra una guerra religiosa, sino que tiene fines geopolíticos” y cree que la principal razón por la que algunos musulmanes se adhieren a esta ideología que “mancilla” el nombre del islam es “la pobreza”, que los terroristas explotan y que si no se aborda tiene consecuencias para el resto del planeta.

El Jalifa (aba) dice que a pesar de la mala prensa de los musulmanes y la persecución implacable que sufren en particular los áhmadis, un número creciente de personas se unen.

No es un trabajo fácil enseñar a la gente y mostrar sus ejemplos. Entonces se dan cuenta de que este es el camino correcto y que esta Comunidad está en el camino correcto en el día a día de practicar el verdadero islam, vienen a unirse a nosotros. Es una tarea difícil y mi trabajo tiene una gran responsabilidad, pero Dios, también su Dios está conmigo. No estoy solo“.

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