Islam en América Latina Latinoamérica

Como Dios Me Salvó La Vida

En el siguiente artículo, Aracely Perez natural de México, nos narra su estremecedora historia de como un intento de secuestro cambió su vida para siempre y la empujó a buscar a Dios. Tras varios años de búsqueda, encontró a Dios y la religión que llenó por completo su existencia. A la vez, incluimos las opiniones de sus familiares y amigos más cercanos, quienes nos cuentan de primera mano cómo la vida de Aracely se ha transformado y ha mejorado como persona.

Por Aracely Pérez Hernández, México

Puedes escucharlo en el siguiente enlace:

Mi nombre es Aracely Pérez Hernández, tengo 44 años, estoy casada y vivo en la Ciudad de México. Me convertí al islam hace un año y actualmente estudio la licenciatura de Comunicación y Cultura. Tengo un hijo que tiene 23 años, que estudia Ingeniería Electrónica. Soy la mayor de tres hermanos y me considero una persona alegre, me gusta estudiar, ayudar a los demás y me siento capaz de afrontar cualquier adversidad que se me presente, porque Dios está en mi corazón y en mis pensamientos.

Nací  en una familia católica con profunda fe en Dios, en la cual se me enseñó desde pequeña que todo lo creado en este mundo es la obra Divina de nuestro Creador. Mi abuela materna solía asistir a la iglesia todos los domingos, para escuchar la misa de las siete de la mañana. A mi abuela le gustaba que la acompañara y participara en la lectura de los versículos de la Biblia, en ese entonces con tan sólo seis años ya había aprendido a leer fluidamente.

Durante mi adolescencia dejé de orar y de recordar a Dios.

La juventud hace que uno piense que tiene toda la razón y que el mundo está a tus pies y que no le debes nada a nadie. Así pasaron algunos años, durante los cuales tuve a mi hijo. Durante aquel tiempo continué pensando que no era necesario orar y que una misma podía resolverlo todo. Fue en una mañana de lunes cuando todo cambió, y algo sucedió en mi vida que me hizo entender que Dios siempre está con nosotros.

Mi economía no era muy buena cuando era joven y ya que era madre, comencé a buscar trabajo y a enviar mi curriculum vitae a diferentes empresas. Decepcionada porque no recibía respuesta, y desesperada pues necesitaba el dinero para comprar pañales y leche para mi hijo, decidí transitar por el centro de la ciudad.

Caminaba por la acera de la avenida para ver si solicitaban empleada para cualquier tipo de negocios. Caminé dos cuadras enteras, hasta que ya se estaba haciendo tarde y estaba muy cansada. Llevaba conmigo un poco de dinero por lo que decidí coger un taxi para que me acercara al metro más cercano. El taxi se detuvo cerca de mí, miré fijamente al conductor, vi que era una persona de la tercera edad por lo que no me dio desconfianza y lo tomé.

El semáforo cambió a rojo. Mientras se detenía, yo tranquila revisaba mi monedero para sacar el dinero para pagarle, y antes de que pudiera reaccionar dos hombres encapuchados amenazaron al conductor con un arma mientras abordaban abruptamente al vehículo. Todo sucedió demasiado rápido y quedé en shock sin saber qué hacer.

El otro hombre encapuchado me gritó que cerrara los ojos mientras preparaba su arma para disparar; yo me quedé paralizada, no pude decir nada e hice lo que me pidió.

El vehículo avanzaba y yo con mucho miedo solamente lloraba. Fue en ese momento que recordé a Dios y encontré la fortaleza para decirles que no me mataran que tenía un hijo pequeño que dependía de mí.

Sin darme cuenta dije en voz alta: Dios perdóname por mis pecados. De repente una voz con tono agresivo le decía al conductor que detuviera el auto.  Uno de estos hombres me dijo levántate, mientras yo seguía con ojos cerrados e inmóvil y pensé en ese momento todo se iba a terminar ahí, que iba a morir.

De nuevo la voz de ese hombre me dijo:

–Ponte de pie y sal del vehículo; de espaldas abre los ojos y corre.

Sin pensarlo obedecí y mientras me alejaba oí que gritaba:

–Dale gracias a tu Dios, hoy te salvó la vida.

A partir de ese día, entendí que no era la suerte la que me había salvado sino que fue Dios, y así empezó mi búsqueda por tener una conexión especial con Él.

Hace dos años tuve un sueño que me pareció muy real; en él me encontraba parada afuera de una casa muy grande pintada de blanco. Mientras estaba admirando la casa, un niño vestido de blanco con un gorrito se me acercaba y me decía que lo acompañara, me dio su mano y la cogí. Me llevó dentro de la casa y al estar dentro de ese lugar observé que había muchas sillas blancas acomodadas en fila. Seguí caminando guiada por este niño hasta que nos detuvimos y me dijo que me sentara a su lado. Mientras lo miraba, él me sonreía. Cuando me desperté del sueño, me sentía alegre, y sentía tanta paz; aunque en ese momento no entendía qué significaba. Pasaron algunos meses, y un sábado como de costumbre fui a visitar a mi mamá para saber cómo estaba y pasar un rato agradable. Cuando mi sobrina llegó después de comer, me comentó que estaba asistiendo a charlas con personas que hablaban sobre Dios, que eran musulmanes y que practicaban el islam.

No me supo explicar mucho más, ya que era algo nuevo para ella también.

Tras esto empecé a investigar en internet y me di cuenta que Al´lah es una palabra en árabe que significaba Dios.

Algo que me impactó fue la vestimenta que usaban algunas personas de Oriente Medio, pues era la misma que llevaba el niño de mi sueño. Le pedí a mi sobrina que si podría acompañarla a esas charlas, pues quería saber más. Así fue cómo sucedió mi primera visita a la mezquita.

Muy pronto me di cuenta que el islam era la religión que llenaba mi ser de paz y amor. Así que acepté el islam, y me hicé musulmana sin dudarlo.

Aunque para mi familia al principio les pareció extraño y desconocido, a través del conocimiento que voy adquiriendo, les explico que el islam es una religión de amor y no de odio y que no es necesario tener origen árabe o ser musulmán de nacimiento para aceptar el islam. Finalmente comprendieron que todos estamos en el mismo camino que es el camino de adorar a Dios y que simplemente son diferentes formas para llegar a Él. Ahora sé que a quien confía en Dios no le hace falta nada.

A continuación recogemos las opiniones de los más allegados a Aracely, quienes han sido testigos de su progreso. 

Luis Antonio García Pérez, esposo de Aracely

Aracely, es una persona que conozco desde hace aproximadamente 25 años, y antes era una persona rebelde y alejada del camino de Dios. Desde que encontró su camino en el islam, ha madurado y fortalecido su calidad moral, reforzado sus valores como ser humano, como persona allegada, reconozco que es una persona emocionalmente  feliz, que puede guiar por el camino correcto a su familia  en lo espiritual.

Doy fe de este cambio  significativo y me siento satisfecho, porque ella ha logrado la superación espiritual, que tanta falta hace en este mundo y que primero debemos sentir paz en nuestros corazones para ser mejores personas cada día.

Elfega Hernández James, Madre de Aracely

Aracely es una mujer extraordinaria. Aunque en su juventud se alejó de Dios durante mucho tiempo, al principio me preocupé cuando supe que quería cambiar de religión. Pensé que el islam era una religión peligrosa en donde se les obligaba a las mujeres a someterse a la voluntad de los hombres y por esa razón cubrían sus cabezas con velos. Como madre le sugerí a mi hija que tuviera mucho cuidado y que si veía algo extraño no dudara en salir corriendo de ese lugar. ¡Qué equivocada estaba! Gracias a que ella me explicó todos los detalles de la religión me di cuenta de que el islam es una religión de paz y amor y que le cambió la vida y le ayudó a ser una mejor persona, más sensible con los demás y más sana. Amo inmensamente a mi hija y aunque ya no es católica sé que ambas creemos en el mismo Dios y como dice uno de los versículos de la Biblia Josué 1:9 ¨ No temas ni te asustes, porque contigo está Yavé, tu Dios adonde quiera que vayas¨.

Estefani Jazmín Hernández Domínguez, Amiga de Aracely

Conozco a Aracely desde hace más de diez años, actualmente  es mi compañera de clase y estudiamos la misma licenciatura en comunicación  y cultura en la Universidad Autónoma de Ciudad de México. Ambas somos madres y he visto su transición a lo largo de este tiempo y todos los altibajos que ha tenido. Actualmente la veo más tranquila. No podía creer cuando me dijo que pensaba cambiar de religión y que estaba completamente convencida de practicar el islam. Como todas las personas que tenemos poco conocimiento respecto a esta religión lo primero que se me vino a la mente es terrorismo y caos. Mi islamofobia no me dejaba ver más allá de lo que conocemos a través de los medios de comunicación. Mi amiga me abrió los ojos respecto a lo que significaba el islam y que los terroristas, que nos presentan en la televisión son grupos pequeños y aislados que en su mayoría son analfabetos que solo obedecen los intereses de aquellos que realmente quieren crear horror en el mundo. El islam verdadero es una religión basada en el amor hacia la humanidad y la compasión. Personalmente cambié mi forma de ver el islam y las personas que lo practican.

Darién García Pérez, hijo de Aracely

Mi mamá siempre ha sido una persona muy caritativa y empática, siempre dispuesta a ayudar poniendo los intereses de los demás sobre los suyos pero por esa misma situación siempre se ha visto en situaciones de duda reflexionando si la persona debe usar esa ayuda en sí mismo. Reitero que no cualquiera se atreve a brindar una mano desinteresadamente a otros, desde que conoció el islam todas esas dudas desaparecieron. Veo a mi madre más estable anímicamente incluso en las situaciones más adversas ella siempre ve el lado positivo, aunque a veces no puede evitar llorar cuando no puede ayudar a alguien, dice que Dios escucha la oración y pide por el bienestar de esas personas.

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