Por Mansoor Dahri, Reino Unido
Introducción
El miércoles, 12 de agosto de 2026, se produjeron de forma espectacular una impresionante serie de fenómenos cosmológicos en un intervalo de 24 horas. Entre ellos se incluyen el punto álgido de la lluvia de meteoritos de las Perseidas, un eclipse solar total sobre partes de América del Norte y Europa Occidental, y la alineación de seis planetas: Júpiter, Saturno, Marte, Mercurio, Urano y Neptuno. A finales de agosto de 2026 también habrá un eclipse lunar parcial.
Los eclipses solares, en particular, ejercen una fascinación especial sobre los seres humanos. Es realmente un espectáculo insólito presenciar cómo el sol se oscurece en pleno día. Desde tiempos inmemoriales, estos fenómenos celestes han dejado huella en la psique humana. Por lo tanto, no es de sorprender que encontremos referencias a los mismos en todas las grandes religiones y tradiciones del mundo.
Esto incluye algunas descripciones simbólicas y mitológicas interesantes que se refieren claramente a los eclipses solares.
Descripción de los eclipses
Por ejemplo, en el hinduismo encontramos una descripción mitológica de un eclipse solar:
«Los Atris volvieron a encontrar al Sol, a aquel a quien Svarbhanu, de la estirpe de los asuras, había atravesado con la oscuridad. Nadie más tenía poder para hacerlo». (Rig Veda 5.40.9)
Este himno describe cómo los Atris (antiguos videntes) encontraron al Sol después de que hubiera sido eclipsado por Svarbhānu (símbolo de las fuerzas de la ignorancia y la oscuridad). Curiosamente, es posible que esto se refiera a un eclipse real que tuvo lugar hace miles de años.
Encontramos una descripción similar también en las escrituras budistas:
«En aquel momento, el Dios del Sol había sido capturado por Rāhu» (Sūriya Sutta, Saṃyutta Nikāya 2.10)
El contexto en el que se inscriben estas palabras deja claro que se trata de un eclipse, ya que se describe cómo el Sol es «capturado mientras recorre el cielo» (es decir, durante el día) y, posteriormente, tras ser persuadido por el Buda, Rāhu finalmente «liberó al Sol».
Estas fascinantes descripciones captan el asombro que sienten los seres humanos al presenciar un eclipse solar. Se percibe como algo sobrenatural o mágico. Por eso resulta interesante encontrar intentos de interpretar o comprender los eclipses en relación con las creencias y doctrinas predominantes de una tradición religiosa.
Comprender los eclipses
Por ejemplo, se recoge que el Santo Profeta Muhammadsa afirmó:
«El Sol y la Luna no se eclipsan a causa de la muerte o la vida (es decir, el nacimiento) de alguien. Cuando veáis el eclipse, rezad e invocad a Dios». (Sahih al-Bujari 1043, Libro de los eclipses)
Para ponerlo en contexto, hubo un eclipse solar el día en que el Santo Profetasa perdió a su hijo Ibrahimra. La gente empezó a suponer que el eclipse se debía a la muerte de su hijo, por lo que el Santo Profetasa tuvo que aclarar la situación afirmando explícitamente que no existía ninguna relación. Enseñó a la gente la forma correcta de entender estos fenómenos espectaculares.
Del mismo modo, en la tradición sij se afirma:
«Al tomar mi baño purificador en el Nombre del Señor, Har, Har, he sido purificado. Su recompensa supera la de dar limosna durante millones de eclipses solares». (Guru Granth Sahib, Ang 197, Gauri, Quinto Mehl)
Esto hace referencia a la práctica tradicional india/hindú de bañarse y dar limosna para contrarrestar lo que se percibía como una perturbación espiritual derivada de un eclipse. El sijismo enseña que el recuerdo del nombre de Dios es inimaginablemente meritorio y beneficioso, hasta tal punto que supera con creces incluso algo tan meritorio como la tradición de dar limosna durante un eclipse.
Ambos ejemplos apuntan al hecho de que es importante no atribuir una importancia excesiva a los eclipses solares. No obstante, existen ejemplos claros en las tradiciones religiosas del mundo en los que los eclipses deben interpretarse de una manera especial.
Interpretación de los eclipses
Por ejemplo, en la tradición islámica hay un hadiz que dice:
«Para nuestro Mahdi hay dos señales que nunca antes se han producido desde la creación de los cielos y la Tierra: habrá un eclipse de luna la primera noche del Ramadán y un eclipse de sol a mitad de este». (Sunan al-Daraqutni, Kitab al-Eidain)
La Comunidad Musulmana Ahmadí interpreta que esto se refiere a Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas de Qadian, quien afirmaba ser el Mesías y el Imán Mahdi predichos en muchas religiones diferentes. En marzo de 1894, se produjeron eclipses solares y lunares exactamente tal y como había predicho la profecía.
Curiosamente, también se encuentra algo muy similar en el Antiguo Testamento de la Biblia:
«El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que llegue el día grande y notable del Señor». (Joel 2:31)
Al igual que el hadiz, este versículo también parece referirse tanto a un eclipse solar como a uno lunar como presagio que anuncia la llegada del «día grande y notable del Señor». Durante un eclipse lunar, la luna adquiere un color rojizo, de ahí que se les denomine «lunas de sangre». Del mismo modo, el hecho de que «el sol se convertirá en tinieblas» se refiere claramente, por tanto, a un eclipse solar. Así pues, parece que tenemos una profecía en la Biblia que afirma que se producirán un eclipse solar y uno lunar como presagios de un evento divino. Esto presenta interesantes paralelismos con la creencia musulmana ahmadí.
Conclusión
Los musulmanes de todo el mundo suelen realizar oraciones especiales durante el eclipse (conocidas como «Salat al-Kusoof»). Los hindúes suelen realizar baños rituales y hacer donaciones para contrarrestar lo que consideran energía negativa. En el judaísmo, los eclipses se consideran un momento para la reflexión y las oraciones de teshuvá (arrepentimiento). Existen muchas otras religiones, cada una con sus propias tradiciones e interpretaciones únicas de estos acontecimientos.
Que estos días sean un momento de cambio positivo, arrepentimiento, perdón y acercamiento a Dios.











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