Política

Un momento difícil para ser musulmán en Francia

Por Mahrukh Arif-Tayyeb, Reino Unido

Es un momento difícil para ser musulmán en Francia. Los acontecimientos recientes y los reiterados ataques han roto nuestros corazones. Cada vez que surgen noticias tan trágicas, todos los musulmanes en Francia piensan “por favor, que el atacante no sea musulmán”. El corazón late cada vez más rápido cuando un periodista anuncia que el ataque fue cometido por un supuesto musulmán gritando ‘Allah-u-Akbar‘. Pero si eres un musulmán francés como yo, lo sabes. Sabes cómo es; sabes que ser musulmán en este país significa justificarse una y otra vez. No puedes sentarte en casa y quedar devastado como todos los demás. Debes condenarlo y justificar por qué no tiene nada que ver con las enseñanzas pacíficas y bellas del islam – si no lo haces, tu posición no está clara y algunos de tus amigos podrían pensar que eres realmente cómplice.

En realidad, los musulmanes franceses, en su mayoría, siempre han condenado las atrocidades que ocurren en el país.

En realidad, los musulmanes franceses, en su mayoría, siempre han condenado las atrocidades que ocurren en el país. Recuerdo haber visto una gran multitud de musulmanes en las vigilias de Charlie Hebdo y Bataclan. Sin embargo, algunos políticos todavía encuentran los medios para decir que a los musulmanes les cuesta entender los valores franceses. ¿Por qué? Porque a los musulmanes franceses no les gusta que su amado Profeta (sa) sea representado de una manera tan vergonzosa. Cada vez que se publican tales caricaturas, sus corazones sangran. Y, en última instancia, se asume que como están absolutamente devastados al ver estas horribles caricaturas, estarían “felices” si la revista que las publica fuera atacada. Pero esto no es cierto.

No es un fenómeno nuevo que se burlen de los musulmanes, los miren con desprecio o, incluso, con persecución. Sin embargo, el ejemplo del Santo Profeta (sa) es muy claro y no permite dudar acerca de las reacciones violentas. Si miramos hacia atrás en la historia, encontramos un par de incidentes en los cuales la ira se apoderó de muchos compañeros del Santo Profeta (sa): uno de ellos incluso le pidió permiso al Profeta (sa) para matar a su padre que no dejaba de abusar de él . El Santo Profeta (sa) se negó categóricamente y le dijo a este compañero que debería tratar a su padre aún más amablemente y rezar por él con más fuerza que antes. Este es el ideal que tienen siempre presente todos los musulmanes ahmadíes cuando se burlan o ridiculizan a su Profeta (sa). Es siguiendo los pasos del mismo Profeta (sa) que los musulmanes ahmadíes no dejan piedra sin remover para ayudar a sus conciudadanos en tiempos de necesidad y dolor.

Así que, ya ves, si eres un musulmana  francesa como yo, estás atrapado en el medio y sientes que alguien te está forzando a elegir entre tus dos hijos. No puedes argumentar que ambos son queridos por ti y que no le harías daño al uno por el otro. Quieres mantener a ambos, quieres apreciar a ambos en armonía y paz. Pero la sociedad te impone esa elección: así que aunque escribas un apasionado artículo condenando los ataques a Charlie Hebdo, sin querer decir “Je suis Charlie”, estás siendo un extremista. Tu lealtad al país siempre se pone a prueba y se te cuestiona constantemente como a un posible culpable.

¿Sabes qué es aún más difícil al ser un musulmán en Francia? Ser una mujer musulmana en Francia.

¿Sabes qué es aún más difícil al ser un musulmán en Francia? Ser una mujer musulmana en Francia. Si miras cualquier canal de noticias francés, las mujeres musulmanas parecen estar presentes en todas partes. Ellas están en el centro de todos los debates en horario de máxima audiencia. Sus elecciones, sus prácticas, su vestimenta, casi todo es discutido, debatido y, finalmente, criticado. Sin embargo, no encontrarás ni una sola mujer musulmana participando en el debate y dando a conocer su punto de vista. Las mujeres musulmanas en Francia son consideradas “atrasadas” cuando eligen vestirse como les gusta; y, como resultado, son puestas en segundo plano en la sociedad. Allí es a donde ellas pertenecen y siguen siendo una fracción aislada y silenciada de la sociedad y, sin embargo, esa misma sociedad quiere que creas que están en todas partes, ‘invadiendo’ el espacio y los valores de la República. La verdad es mucho más amarga.

En mi experiencia personal, puedo decir que es imposible que una mujer musulmana que lleva un pañuelo en la cabeza pueda apreciar plenamente su individualidad o tenga éxito en la sociedad. Yo decidí usar un pañuelo cuando tenía unos dieciocho años estando en una escuela preparatoria, tuve que quitármelo a la entrada del edificio. Como tomé esa decisión a mitad de año, algunos de mis amigos lo notaron y la mayoría de ellos se sorprendieron, por no decir que se conmocionaron. Un agresivo “¿Por qué?” fue la primera de una larga serie de preguntas que hicieron cuestionando mi elección. Uno, incluso, señaló la “incongruencia e hipocresía” de mi comportamiento diciendo: “Si estás bien quitándotelo durante la clase, entonces ¿por qué sientes la necesidad de llevarlo fuera?” La realidad es que yo sólo seguía las reglas, como nuestro amado Profeta Muhammad (sa) nos enseñó: a no rebelarnos pero, a enfrentar la adversidad con paciencia y oración. Yo era fuerte, pero no voy a mentir: había días en los que volvía a casa llorando, con una enorme presión sobre mi estómago. Yo no solo fui confrontada por mis amigos y mi círculo íntimo, sino también por personas al azar durante mi viaje a la escuela. Todavía recuerdo a un anciano diciéndome que me vaya al infierno por lo que llevo puesto en la cabeza, y escupiendo con asco justo después. Me he enfrentado a esas silenciosas pero poderosas miradas que dicen mil palabras. 

Este país es una parte de mí, tanto como yo soy una parte de este país. Lo que pasa en París, Niza o Lyon, me pasa a mí.

 La lucha no se detiene ahí. Después de los cortos pero pacíficos años de universidad donde nadie te pide que te quites el hijab o revisan tus bolsos en la entrada, llega el momento de buscar un trabajo. Allí también, todas las puertas estaban cerradas. Tengo una maestría de una prestigiosa escuela de ciencias sociales y recibí la más alta distinción por mi proyecto de investigación. Sin embargo, cuando quise poner mis conocimientos en beneficio de mi país, nadie me quiso. Mis ideas, que mi profesor calificó una vez como “brillantes”, no tenían ningún valor frente a mis entrevistadores que miraban a mi hijab antes de siquiera molestarse en poner los ojos en mi currículum. Este país me ha dado una educación, pero no me ha dado un reconocimiento. En Francia, cuando una mujer musulmana que lleva el hijab es elocuente, culta e inteligente, no siempre se la mira con desprecio, sino que se la mira con lástima – qué vergüenza y qué desperdicio, piensan, una mujer inteligente bajo la influencia de una ideología atrasada…

Y sin embargo, mientras escribo estas líneas, no puedo dejar de derramar una o dos lágrimas. Porque a pesar de todo esto, amo este país. Este país es una parte de mí, tanto como yo soy una parte de este país. Lo que pasa en París, Niza o Lyon, me pasa a mí. Los musulmanes en Francia pueden sentirse excluidos y no deseados pero nunca han dejado de condenar cualquier ataque. Lamentablemente, muchos políticos atribuyen hoy en día los actos de algunos lunáticos a la población musulmana francesa en general, que se ha mantenido paciente durante los últimos acontecimientos. Incluso, después de que Charlie Hebdo decidiera volver a publicar la caricatura de nuestro amado Profeta Muhammad (sa), la gran mayoría de los musulmanes franceses no mostraron ningún arrebato de ira. Más bien, llamaron a la unidad y a la cohesión nacional, instando pacíficamente al gobierno a poner fin a las cuestiones divisorias.

Ahora, más que nunca, se necesita la paz. Ahora, más que nunca, necesitamos dejar de lado nuestras amargas experiencias y presentarnos juntos como defensores del “amor para todos y odio para nadie”.

Sobre la autora:

Mahrukh Arif-Tayyeb es una musulmana francesa que vive actualmente en el Reino Unido. Tiene un máster de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, una prestigiosa escuela de ciencias sociales de París. Anteriormente ha trabajado como periodista para un periódico francés.

Etiquetas

Añadir comentario

haga clic aquí para publicar comentario