Islam

¿Cómo deberían reaccionar los musulmanes ante las caricaturas de Charlie Hebdo?

Por Marwan Gill

Casi 5 años después del ataque terrorista a Charlie Hebdo, ahora ha comenzado el proceso en París para juzgar a quienes estuvieron involucrados en este ataque. La revista francesa Charlie Hebdo ha decidido reimprimir en esta ocasión las caricaturas contra el profeta Muhammad (la paz sea con él) como un homenaje para recordar a sus 17 víctimas del atentado terrorista.

Esta decisión ha dividido nuestras sociedades una vez más: algunos apoyan esta decisión porque la consideran una libertad de opinión, otros la consideran una provocación y un acto blasfemo.

Ciertamente, el islam no contempla ningún castigo por un acto blasfemo. No hay un solo versículo del Corán ni un solo incidente en toda la vida del Santo Profeta Muhammad (sa) donde él hubiera mostrado alguna reacción violenta o castigado a alguien debido a sus actos blasfemos. Al contrario, el islam condena todas las formas de violencia y terrorismo en nombre de la religión. El Sagrado Corán presenta a los profetas anteriores y sus seguidores como ejemplo, ya que también fueron blanco de provocaciones e insultos, pero su respuesta fue siempre pacífica y mostraron elevados estándares de paciencia.[1] El mismo mandamiento se les da a los musulmanes, tal y como se dice en el Corán:

“En verdad, seréis probados en vuestros bienes y en vuestra persona, y ciertamente oiréis muchas cosas perniciosas de parte de quienes recibieron el Libro antes que vosotros y de quienes asocian a Dios otras divinidades. Pero si mostráis paciencia y actuáis con justicia, es desde luego un acto de enérgica decisión.” (3:187)

Sin embargo, a la vez que el islam enseña a mostrar paciencia e ignorar tales provocaciones, por otro lado también enseña a respetar los sentimientos de los demás.

No hay ningún permiso ni justificación para que un musulmán responda violentamente a provocaciones o actos blasfemos. El mismo Profeta Muhammad (sa) es el mejor ejemplo y mostró el más elevado nivel de paciencia en respuesta a tales provocaciones e insultos.

Sin embargo, a la vez que el islam enseña a mostrar paciencia e ignorar tales provocaciones, por otro lado también enseña a respetar los sentimientos de los demás. Por ejemplo, la idolatría se considera en el islam como el mayor pecado, pero a pesar de esto, el islam no permite que los musulmanes insulten o provoquen los sentimientos religiosos de los demás.[2]

El islam garantiza la libertad de opinión y expresión, pero cada libertad y derecho requiere ciertas responsabilidades. El islam enseña que debe haber ciertos límites y normas con cada expresión de libertad. En nombre de la propia libertad, uno no puede insultar o atacar a los demás ni ignorar sus derechos. Es un principio universal que la libertad de autodeterminación tiene ciertos límites y termina donde comienzan los derechos de los demás. Tomemos el sistema de tráfico como un ejemplo simple:

Cada conductor tiene derecho a conducir libremente su coche donde y como quiera, siempre y cuando respete el derecho y el espacio de los demás. Si se concediera una libertad ilimitada a cada conductor, habría un caos en las calles. Por lo tanto, si pretendemos tener un sistema de tráfico exitoso y seguro, se requiere por un lado que cada conductor ejercite con responsabilidad su derecho a conducir su coche y por el lado requerido con ciertos límites y normas que cada individuo debe respetar por el bienestar de todos.

El islam apoya completamente el derecho de expresar nuestra opinión para analizar o cuestionar intelectualmente y racionalmente las doctrinas y los asuntos religiosos. Lo que el islam condena es atacar o insultar a otros cobardemente amparándonos bajo el escudo de la libertad de opinión.

El fundador del islam, el Profeta Muhammad (sa), es más querido para un musulmán que sus propios padres, hijos y su propia persona. Un musulmán al menos cinco veces al día recuerda y reza por el noble profeta del islam. Un musulmán se esfuerza por reflejar las enseñanzas y el carácter del Profeta Muhammad (sa) en su propia personalidad y carácter.

Sin embargo, el amor por el profeta requiere también que un musulmán siga su noble ejemplo y sus enseñanzas.

El amor y orgullo que un musulmán siente por su profeta es incomparable en el mundo. Esta es una de las razones por las que el autor Michael Hart (que no es un musulmán), en su libro titulado: “Las 100 personas más influyentes del mundo” otorgó al Profeta Muhammad (sa) la primera posición.

Un musulmán definitivamente siente tristeza por estas caricaturas. Sin embargo, el amor por el profeta requiere también que un musulmán siga su noble ejemplo y sus enseñanzas. Ante cualquier reacción un musulmán debe pensar cómo habría reaccionado el mismo profeta ante tales provocaciones contra su propia persona:

¿Habría matado o atacado a esas personas? Ciertamente no.

El Santo Profeta dijo: Un verdadero musulmán es aquel de cuya lengua y manos otros están a salvo.[3]

¿Habría organizado manifestaciones violentas, destrozado o dañado edificios, autos, propiedades etc.? Ciertamente no.

El profeta prohibió incluso en tiempos de guerra contra los enemigos atacar, destrozar o destruir sus propiedades, campos y pertenencias.[4]

¿Cómo habría reaccionado entonces el Santo Profeta ante tales provocaciones?

Una vez, durante su viaje a la ciudad de Taif, la gente no solo rechazó su mensaje, sino que lo atacó con tanta violencia que quedó gravemente herido. Al salir de la ciudad en este estado, un ángel se le apareció y le preguntó si deseaba que toda la ciudad fuera demolida por su violencia contra el profeta. El Profeta respondió que no deseaba su destrucción, más bien esperaba que por la misericordia de Dios, si no ellos, tal vez sus hijos pudieran ser guiados hacia el islam.[5]

En otra ocasión, al regresar a Medina, unos hipócritas insultaron al Profeta del islam. Además de ser un guía religioso, también era el gobernador secular de Medina y por eso tenía toda la autoridad y los medios para tomar algunas acciones contra esas personas y sus insultos. Algunos musulmanes incluso le pidieron al Profeta permiso para ejecutarlos, a lo que él respondió que debían perdonarlos e ignorar sus insultos.[6] Su misericordia hacia esas personas va incluso más allá de eso: Hasta el último momento de su vida, el Profeta, a pesar de sus continuas provocaciones e insultos, siguió orando tanto por su guía y perdón que incluso ofreció la oración fúnebre del líder de tales hipócritas.[7]

Por lo tanto, si hoy el Profeta del islam hubiera estado entre nosotros, no habría causado ningún daño, verbal o físico, como reacción a tales personas. Más bien, habría mostrado paciencia y buscado refugio en Dios. Le habría pedido a Dios que los guiara y los perdonara por su ignorancia. Habría seguido predicando con amor y pasión a esas personas. Habría respondido al odio y los insultos con amor y oraciones. Habría respondido a la ignorancia con sabiduría y misericordia porque su persona era una misericordia para toda la humanidad[8].

Por lo tanto, corresponde a cada musulmán quien afirma amar al Profeta del islam seguir su noble ejemplo y sus enseñanzas. Hoy en día corresponde a un musulmán recordar y orar más que antes por el alma de nuestro amado Profeta. Debe reflejar más que antes las nobles enseñanzas del profeta en su propia persona.

Su Santidad, Mirza Masrur Ahmad, el Quinto Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía, explicando cómo deben reaccionar los musulmanes ante tales provocaciones, dijo:

Por lo tanto, si hoy el Profeta del islam hubiera estado entre nosotros, no habría causado ningún daño, verbal o físico, como reacción a tales personas.

Si respondemos con ignorancia a las acciones de los ignorantes, el único resultado será que éstos persistirán en sus acciones. Es por esto que Dios Altísimo ordena que “en lugar de responderles, ignórales y aléjate de la gente que comete tales actos”. Seremos partidarios del mismo pecado no solo relacionándonos o coincidiendo con tales personas, sino también provocando con nuestras respuestas a aquellos que actúan mal, de manera que éstos se burlen o injurien a Dios Altísimo o hablen o expresen algo contra el Santo Profeta (sa) en términos degradantes.

Por lo tanto, un verdadero musulmán debe abstenerse de ello y dejar el asunto en manos de Dios Altísimo, Quien ha manifestado que cuando toda persona regrese a Él, deberá sufrir las consecuencias de sus acciones. En última instancia, vamos a regresar a Dios Altísimo y entonces será cuando nos revele nuestras acciones.

También dijo:

“En lugar de involucrarnos en tales acciones y responder con la misma ignorancia, debemos invocar saludos y bendiciones hacia el Santo Profeta (sa); esta es la obligación de un verdadero musulmán. Cumplid con esta tarea y habréis cumplido con vuestro deber.”[9]

Referencias


[1] 6:35

[2] 6:109

[3] Sunan an-Nasa’i 4995

[4] Muwatta, Hadith 958

[5] Sahih al-Bukhari 3231

[6] 63:8

[7] 9:80

[8] 21:108

[9] Sermon de viernes 16.01.2015

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