Mezquita

Inauguración de la Mezquita de la Gran Victoria en Zion: un símbolo de verdadera libertad religiosa

Discurso del Jefe Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía en la Inauguración de la Mezquita Fath-e-Azeem en Zion, Illinois, Estados Unidos, el sábado 1 de octubre de 2022

El 1 de octubre de 2022, el Jefe Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, el Quinto Jalifa Su Santidad, Mirza Masrur Ahmadaba pronunció el discurso principal en una recepción especial celebrada para conmemorar la apertura de la Mezquita Fath-e-Azeem (la Gran Victoria) en Zion, Illinois. Su Santidadaba había inaugurado oficialmente la mezquita un día antes con su sermón semanal del viernes. A la recepción asistieron más de 140 invitados, entre ellos políticos, líderes religiosos y residentes locales. A continuación se presenta el discurso de apertura pronunciado por Su Santidadaba en esta ocasión.

*Por favor, tenga en cuenta que esta transcripción no puede ser reproducida sin permiso expreso, ni en otros sitios web, ni en formato impreso.

Hazrat Mirza Masrur Ahmadaba, Jefe Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía dijo:

Bismillahir Rahmanir Raheem – En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso.

A todos los distinguidos invitados, Assalamo Alaikum Wa Rahmatullahe Wa Barakatohu – que la paz y las bendiciones de Dios sean con todos ustedes. 

En primer lugar, me gustaría agradecerles a todos por acompañarnos esta noche. Éste no es un evento mundano, sino un acto puramente religioso organizado por una comunidad islámica, por lo que su participación es un testimonio de sus corazones abiertos, su tolerancia y su amplitud de miras. Por lo tanto, les agradezco sinceramente que se unan a nosotros para celebrar la inauguración de nuestra nueva mezquita aquí en Zion.

La Comunidad Musulmana Ahmadía se estableció en esta ciudad hace varias décadas, pero antes no teníamos una mezquita adecuada en la que practicar el rezo. Por lo tanto, el día de hoy es un motivo de gran felicidad y significado para nuestra comunidad. De hecho, es de vital importancia para todas las comunidades religiosas el disponer de lugares de culto donde sus miembros puedan congregarse para rezar. En lo que respecta al Islam, creemos que tener una mezquita aporta dos beneficios fundamentales. En primer lugar, permite a los musulmanes reunirse para rendir culto a Dios Todopoderoso y cumplir con sus deberes y obligaciones religiosas con respecto a su fe. El islam instruye a los musulmanes a adorar cinco veces al día. Además, el segundo gran beneficio de la construcción de una mezquita es que sirve para presentar el Islam y sus enseñanzas a la comunidad en general. Si los que rinden culto en la mezquita se esfuerzan seriamente por reflejar y representar las enseñanzas del islam, se despertará naturalmente la curiosidad y el interés por el islam entre la población local. Su conocimiento y comprensión del islam aumentará y cualquier temor o preocupación que alberguen se disipará, con el favor de Dios, al ver que los musulmanes viven pacíficamente entre ellos y contribuyen positivamente a la sociedad. Por lo tanto, la Comunidad Musulmana Ahmadía construye mezquitas en todo el mundo para cumplir este doble objetivo.

Continuando, algunos de ustedes se podrían estar preguntando qué distingue a los musulmanes ahmadíes de los demás musulmanes. A este respecto, según una gran profecía del Sagrado Corán, y como predijo el Santo Profeta del islam, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, estaba destinado que, con el paso de los siglos, los musulmanes se alejaran gradualmente de los verdaderos principios islámicos. Finalmente, la mayoría abandonaría sus enseñanzas y serían musulmanes sólo de nombre. Al mismo tiempo, Dios Todopoderoso y el Santo Profeta del islam (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), dieron la buena noticia de que en un momento de tal decadencia espiritual, Dios Todopoderoso enviaría un reformador prometido para revivir y rejuvenecer las enseñanzas originales del islam, quien llevaría el título de Mesías de Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). Ese mesías proclamaría que las enseñanzas del islam eran de paz, amor y armonía. Él habría de instar a todas las personas a convivir pacíficamente y a forjar lazos de amor y afecto mutuos, independientemente de sus diferentes creencias religiosas. Como musulmanes ahmadíes, tenemos la firme convicción de que el fundador de nuestra comunidad, Su Santidad Mirza Ghulam Ahmad de Qadianas, fue ese mesías y reformador prometido que se predijo en el Sagrado Corán y en la profecía del Santo Profeta del islam (la paz y las bendiciones de Dios sean con él).

Durante su vida, el fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadíaas instruyó a sus seguidores para que transmitieran el mensaje del islam actuando sobre sus enseñanzas de amor, benevolencia y simpatía hacia todas las personas, y para que ganaran los corazones y las mentes de la humanidad. De hecho, el Mesías Prometidoas proclamó que transmitiría las enseñanzas del islam caminando sobre las huellas espirituales del Mesías de Moisés, el profeta Jesúsas. Así, al igual que el profeta Jesúsas, el Mesías Prometidoas, mostró simpatía y compasión por la humanidad. Cada una de sus palabras y actos eran en aras de la paz y para cultivar un espíritu de reconciliación en la sociedad. Recordó a sus seguidores que el significado mismo del islam es la paz y la seguridad y que, tras su llegada, el islam volvería a sus raíces espirituales, y que un día sería reconocido en todo el mundo como una religión de amor, tolerancia, paz y armonía. El Mesías Prometidoas explicó, de acuerdo con las enseñanzas del Sagrado Corán, que las guerras en el islam primitivo eran de naturaleza totalmente defensiva y se libraban en respuesta a la más grave persecución posible. Ni una sola vez durante la bendita era del Santo Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, ni en la época de sus cuatro sucesores correctamente guiados, los ejércitos musulmanes iniciaron guerras o infligieron crueldades o injusticias de ningún tipo. Más bien, todas las guerras y batallas en las que participaron se libraron para acabar con todas las formas de inhumanidad y opresión.

En la era moderna, mientras los conflictos geopolíticos seguían causando estragos y destrucción en el mundo, el Mesías Prometidoas, dijo que las guerras religiosas habían terminado. Por lo tanto, no había ninguna justificación para que los musulmanes o las personas de cualquier fe lucharan en nombre de su religión. Por lo tanto, debe quedar muy claro que el objetivo de la Comunidad Musulmana Ahmadía no es conquistar tierras, tomar territorios, superar ciudades o vencer naciones. Tampoco en aquellas tierras o naciones en las que nuestras enseñanzas y creencias han sido aceptadas en gran número hemos manifestado el deseo de obtener poder político o influencia mundana. 

Nuestra única misión y nuestra única aspiración es ganar los corazones de la humanidad a través del amor y acercar a la gente a Dios Todopoderoso para que se conviertan en verdaderos adoradores de Él y para que se respeten los derechos de los demás. En una hermosa copla, el Mesías Prometidoas afirmó que no tenía ningún deseo de poder político o estatus mundano. Escribió: “Qué puedo tener que ver con ningún país, cuando mi país es distinto a todos los demás. Qué puedo tener que ver con ninguna corona, cuando mi corona reside únicamente en el placer de mi amado”. [1]

Esta completa indiferencia hacia los poderes mundanos y políticos ha sido el sello distintivo de la Comunidad Musulmana Ahmadía desde su creación, y seguirá siéndolo en el futuro. Sólo deseamos transmitir las enseñanzas del islam sobre el amor y la paz, como hemos hecho durante más de 130 años, y por la gracia y la misericordia de Dios, muchos miles de personas se unen a nuestra comunidad desde todo el mundo cada año. No tenemos ningún agravio, disputa o enemistad con ninguna persona o religión. En cuanto a los que se oponen a Dios Todopoderoso o tratan de destruir Su religión, nuestra respuesta nunca será tomar las armas o iniciar la violencia de ningún tipo. Por el contrario, nuestra única respuesta será inclinarnos ante Dios Todopoderoso con toda humildad. Nuestra única arma es la oración, y estamos seguros de que Dios escucha nuestras súplicas. De hecho, los 133 años de historia de nuestra comunidad dan testimonio de este hecho. 

En cuanto a la libertad de creencia y la libertad de conciencia, creemos firmemente que la religión y las creencias son una cuestión personal y que cada persona debe elegir su propio camino. La nuestra no es una posición nueva que hayamos asumido tardíamente, sino que se basa totalmente en las enseñanzas originales del Sagrado Corán.

Como seguramente sabrán, recientemente ha fallecido la monarca británica, la reina Isabel II, y le ha sucedido su hijo, el rey Carlos III. En el Reino Unido, uno de los títulos oficiales del monarca es el de Defensor de la Fe. En varias ocasiones, el rey Carlos ha expresado su respeto por todas las religiones. También ha expresado su deseo de que se le conozca como el defensor de todos los credos, en lugar de como el defensor de la fe. Esta declaración es sin duda loable y demuestra la amplitud de miras y el enfoque inclusivo del Rey Carlos. Sin embargo, tras su ascenso al trono, algunos comentaristas especularon con que esa modificación del lenguaje no sería bien recibida por toda la comunidad cristiana, o incluso por algunos no cristianos. Un titular afirmaba que el deseo del Rey de defender y promover todas las creencias podría resultar una ilusión. Mientras que algunos pueden considerar que estos esfuerzos para fomentar la armonía religiosa son inútiles o ilusorios, en mi opinión, defender todas las religiones y establecer una verdadera libertad de religión y creencia es en realidad la base para establecer la paz en el mundo. En este sentido, también elogio al gobierno de los Estados Unidos por haber establecido, bajo los auspicios del Departamento de Estado, la Oficina de Libertad Religiosa Internacional, que ahora organiza una cumbre internacional anual para promover la libertad religiosa mundial así como el establecimiento de la paz mundial.

En el capítulo 22, versículo 40 – 41 del Sagrado Corán se consagra un principio trascendental y pionero que garantiza la libertad religiosa universal. En los versos, Dios el Todopoderoso afirma: “Se da permiso para combatir a quienes son combatidos, porque han sido perjudicados – y Al-lah tiene en verdad poder para ayudarles – Quienes fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho: ‘Nuestro Señor es Al-lah’”. Dice además: “y si Al-lah no hubiera permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruidos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se conmemora frecuentemente el nombre de Al-lah. Mas Al-lah ayudará en verdad a quien Le ayude. Al-lah es ciertamente Fuerte, Poderoso.”

En los dos versos en los que Dios el Todopoderoso concedió al Santo Profeta del islam (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) el permiso para librar una guerra defensiva, también dejó categóricamente claro que el permiso se concedía porque los agresores pretendían erradicar la libertad religiosa del mundo. La guerra no estaba permitida para proteger sólo a los musulmanes y sus mezquitas, o para promover la causa del islam, sino que el Corán afirma explícitamente que si no se daba una respuesta contundente a las injusticias perpetradas contra los musulmanes, ninguna iglesia, sinagoga, templo, mezquita, o cualquier otro lugar de culto, quedaría a salvo. Así pues, el Sagrado Corán es la única escritura divina que no sólo concede libertad religiosa absoluta a las personas de todas las religiones y creencias, sino que va más allá al instruir a los musulmanes y a quienes entran en las mezquitas para que protejan los derechos religiosos de los no musulmanes. Es esa escritura celestial la que protege y defiende todas las religiones, credos y creencias. Son estas enseñanzas islámicas puras y omnímodas las que nos esforzamos por propagar a todas las partes del mundo.

En cuanto a esta mezquita, quizá se pregunten por qué hemos decidido construir una mezquita en Zion. Obviamente, el propósito principal es el mismo que he mencionado. En segundo lugar, quienes conozcan bien la historia de esta ciudad probablemente sepan que la persona que fundó Zion fue un evangelista cristiano, el Sr. Alexander Dowie, que afirmaba haber sido enviado por Dios desde esta ciudad de Zion. El Sr. Dowie expresó una gran hostilidad hacia el islam y odio hacia los musulmanes, lo que acabó llamando la atención del fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía, que respondió directamente al Sr. Dowie. Algunos de ustedes se preguntarán por qué el Mesías Prometidoas utilizó un lenguaje firme al dirigirse al Sr. Dowie, y se preguntarán cómo cuadra esto con su pretensión de predicar el amor y la compasión. Sin embargo, no hay ninguna contradicción entre las enseñanzas pacíficas del Mesías Prometidoas y su respuesta a Dowie. El Mesías Prometidoas nunca llamó a ninguna forma de reacción violenta o extrema. De hecho, cuando se enteró del venenoso pronunciamiento del Sr. Dowie contra el islam y su fundador, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, el Mesías Prometidoas trató de razonar con él respetuosamente, y de persuadirle de que se contuviera y respetara los sentimientos de los musulmanes. Por el contrario, fue el Sr. Dowie quien buscó la confrontación con el islam y fue explícito en este deseo. Por ejemplo, el Sr. Dowie escribió: “Ruego a Dios que el islam desaparezca pronto de la faz de la tierra. Oh Dios, acepta mi oración, oh Dios, destruye el islam.” [2]

Además, en sus escritos, el Sr. Dowie hablaba con deleite de lo que describía como una gran guerra entre el cristianismo y el islam. Escribió que si los musulmanes no abrazaban el cristianismo, habrían de enfrentar muerte y destrucción. En respuesta a esa retórica extrema y virulenta, el fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadíaas, trató de asegurarse de que miles, o incluso millones, de personas inocentes no sufrieran daños, lo que habría sucedido si el deseo del Sr. Dowie de guerras religiosas entre cristianos y musulmanes se hubiese hecho realidad. En consecuencia, desafió al Sr. Dowie a un duelo de oraciones. Dijo que en lugar de pedir la muerte y la destrucción de todos los musulmanes, tanto él como el Sr. Dowie deberían dedicarse a la oración solemne y rezar a Dios para que el que fuera un mentiroso muriera en vida de la otra persona. En realidad, se trataba de un acto de compasión y de un medio para suavizar la situación. En lugar de arriesgarse a un enfrentamiento total entre musulmanes y cristianos, el Mesías Prometidoas, afirmó que él y el señor Dowie debían recurrir a la oración y dejar el asunto en manos de Dios Todopoderoso. Era un medio justo y pacífico para determinar la verdad. No es exagerado afirmar que fue un magnífico ejemplo de contención ante la inmensa provocación y hostilidad. Al recibir el desafío, el Sr. Dowie respondió describiendo al Mesías Prometidoas en los términos más ofensivos.

Consta que el Sr. Dowie dijo: “En la India hay un Mesías Mahometano que no deja de escribirme. ¿Cree usted que debo responder a esos mosquitos y moscas? Si pusiera mi pie sobre ellos, los aplastaría hasta la muerte.” [3] El Mesías Prometidoas repitió su desafío y éste recibió una amplia publicidad en Estados Unidos y otros países. Los periodistas informaron sobre el elevado estatus del Sr. Dowie en su comunidad, su riqueza y su poder, y lo compararon desfavorablemente con el Mesías Prometidoas, de quien señalaron que procedía de una aldea lejana y remota de la India y cuya riqueza y poder mundano no podían compararse con los del Sr. Dowie. Además, en términos puramente físicos, el Sr. Dowie era más joven y gozaba de mejor salud que el Mesías Prometidoas.  Sin embargo, a pesar de la discrepancia en términos materiales, el fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía nunca dudó, nunca dio un paso atrás, ni consideró la posibilidad de retirar su desafío y, contra todo pronóstico mundano, el resultado no tardó en mostrarse a su favor. En rápida sucesión, Dowie perdió sus partidarios, su riqueza, y sus facultades físicas y mentales. Eventualmente sufrió lo que los medios de comunicación estadounidenses describieron como un final patético. De hecho, los medios de comunicación estadounidenses de la época merecen ser reconocidos porque sus periodistas informaron honestamente sobre el resultado. Por ejemplo, un famoso titular del Boston Herald declaraba que “Grande es Mirza Ghulam Ahmad el Mesías”.

En resumen, el fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía nunca trató de imponer sus puntos de vista o valores a nadie por la fuerza, ni se planteó nunca responder al odio del Sr. Dowie o de otros opositores al islam mediante la fuerza física o el poderío. Para los musulmanes ahmadíes, este incidente sirve como señal de la verdad de nuestro fundador, por lo que, en este sentido, la ciudad de Zion ocupa un lugar importante en nuestra historia. Debido a las limitaciones de tiempo, no puedo entrar en más detalles, sin embargo, en esta mezquita se ha instalado una exposición especial sobre el duelo de oración, por lo que, si desea saber más, pueden visitarla antes de irse o puede que ya la hayan visitado.

En conclusión, hoy los seguidores de Hazrat Mirza Ghulam Ahmadas, el Mesías Prometido y Mahdi, el Guiado, damos gracias a Dios Todopoderoso por haber inaugurado la Mezquita Fath-e-Azeem, la Mezquita de la Gran Victoria en Zion, como símbolo de la verdadera libertad religiosa. Sus puertas se abren con un mensaje iluminado que pronuncia que los derechos religiosos y las creencias pacíficas de todas las personas y comunidades deben ser protegidos y apreciados para siempre. El objetivo primordial de la Comunidad Musulmana Ahmadía es dirigir a la humanidad hacia el camino de la salvación espiritual y asegurar que todas las personas, independientemente de su casta, credo o color, vivan juntas con un espíritu de buena voluntad y armonía, y en verdadera paz y seguridad.

Desde lo más profundo de mi corazón, rezo para que esta mezquita, si Dios quiere, sirva siempre como un faro de paz, tolerancia y amor para toda la humanidad. Rezo para que sea un lugar donde la gente se reúna con toda humildad para reconocer a su creador, para inclinarse ante él, y para cumplir con los derechos de la humanidad, pues creemos sinceramente que sólo podemos tener éxito y prosperidad si cumplimos con los derechos de adoración a Dios Todopoderoso y los derechos de la humanidad. Con estas palabras, deseo agradecer una vez más a todos ustedes por acompañarnos esta noche. Que Dios Todopoderoso les bendiga a todos, Amén.

NOTAS FINALES

  1. Barahin-e-AhmadiyyaVol 5. (Eng. Translation) p. 193
  2. Leaves of Healing, February 14, 1903
  3. Leaves of Healing, December 27, 1903

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