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¿Por qué uso el velo?

¿Por qué las musulmanas usan el velo? ¿Es el uso de esta prenda único de la religión islámica?, o ¿está a su vez presente en otras religiones? En el podcast de esta semana, una musulmana en primera persona nos responde a estas cuestiones y nos cuenta, como se siente en realidad al usar el velo en su día día.

Podcast de la semana

¿Por qué uso el velo?
Es una pregunta que me hacen mucho, por eso quería cubrir este tema en el
podcast de esta semana y responder a esta pregunta que me hacen tan
frecuentemente.
Yo me convertí al islam en el 2011 y empecé a usar el velo en el 2012.
En realidad, usar el velo fue una decisión propia, que tome después de mucha
meditación y oración.


También pase mucho tiempo leyendo sobre el propósito de usar el velo y por
que Dios lo ha prescrito a las mujeres musulmanas y demás religiones.
El uso del velo se remonta al siglo 13 antes de Cristo en la antigua Asiria
(Mesopotamia).


En aquella época, el uso del velo era una señal de distinción social y no
religiosa. La ley exigía a todas las mujeres asirias, excepto a las prostitutas,
cubrir sus cabezas en público.
Del mismo modo, los antiguos objetos de artesanía griegos y romanos nos
indican que el uso del velo no era una práctica infrecuente. Aunque no está claro
el sentido del velo en la sociedad griega y romana, su costumbre no puede ser
ignorada.
Con el judaísmo, el empleo del velo adquirió un significado religioso. El velo era
un símbolo de modestia y decoro. Las mujeres judías cubrían su cabeza en
público, en cumplimiento de la ley judaica.
Así Jeremías comentaba;
“Cuando la judía de Jerusalén dejó casa, su rostro estaba oculto, de modo que
su rostro no podía ser reconocido.”
El velo elevaba el estatus de la mujer de la alta sociedad judía y hoy día algunas
mujeres ortodoxas siguen practicando las enseñanzas judías tradicionales
empleando pañuelos o pelucas.

De igual manera la biblia  enseñó el uso del velo mucho antes del islam.
En el Antiguo Testamento dice;
“Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello. Porque
había preguntado al criado: ¿Quién es este varón que viene por el campo hacia
nosotros? Y el criado había respondido: Este es mi señor. Ella entonces tomó el
velo, y se cubrió.” (Génesis: 24:64-65)


En el Nuevo Testamento está escrito:
“Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su
cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se
cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse
el cabello o raparse, que se cubra”. (1 Corintios: 11: 5-6)

Como se explica en estos versículos, la biblia considera que el uso del velo
como algo esencialmente virtuoso. La Virgen María se representa a menudo en
las obras de arte con la cabeza cubierta. De hecho, en un cierto periodo, era
obligatorio que las mujeres católicas se colocaran un pañuelo en la cabeza
durante su asistencia a la iglesia. Hoy día, las monjas cristianas y las mujeres
Amish continúan cubriendo sus cabezas.


Por último, las mujeres hindúes tradicionales también se cubren la cabeza,
cuando se hallan en compañía de otros hombres, dejando así patente que el
Hiyab no es exclusivo del islam.
A veces se cubren con la parte final del sari con que se visten, y a veces lo
hacen con un vestimento similar a una pañoleta.
Así pues, el velo o Hiyab debe entenderse, teniendo en consideración este
contexto de raíces culturales y religiosas.
Cuando yo era niña siempre veía a las monjas e imágenes de la Virgen María y
pensaba “que lindas son”, que puras, y ejemplos para seguir”.
Todo esto fue antes de aprender la enseñanza del velo a través de la filosofía
islámica.


En el islam Hiyab significa “modestia” y es un medio de protección. Existen
multitud de referencias en el Corán que dan fe de la igualdad entre la mujer y el
hombre. Por ejemplo, el Corán, de manera inequívoca explica que los hombres y
las mujeres pertenecen a la misma especie y poseen aptitudes y
predisposiciones idénticas. El requisito del Hiyab no pretende encarcelar a la
mujer o hacerla susceptible a la dominación masculina. Al contrario, tiene por
objeto realzar sus facultades que le han sido otorgadas por Dios.

En el islam, la fe se basa en la premisa de que Dios creó a los hombres y a las
mujeres con un noble propósito, que consiste en establecer la paz en la
sociedad.
Puesto que un hogar tranquilo es la unidad básica de una sociedad pacífica, el
islam trata de proteger la armonía conyugal mediante la promoción de la
modestia.
En los Estados Unidos, casi el 40% de los matrimonios acaban en divorcio, la
mitad de los cuales terminan por aventuras amorosas extramaritales.
Como medida de precaución, el Corán ordena a las mujeres extender lo que
cubre su cabeza hasta su pecho en presencia de los hombres que son ajenos a
la familia:
“Y di a las mujeres creyentes que recaten su mirada y protejan sus partes
privadas, y no muestren su belleza y sus adornos, excepto lo que sea visible de
ellos, y coloquen sus velos sobre sus pechos, y no muestren su belleza y sus
ornamentos más que a sus maridos…” (24:32)

El mandamiento sobre el Hiyab es una obligación que no se limita a las mujeres,
sino que también se aplica a los hombres; sólo que el Hiyab asume una forma
diferente:
Di a los hombres creyentes que recaten su mirada y guarden sus partes
privadas. Esto es más puro para ellos. En verdad, Allah sabe perfectamente lo
que hacéis. (24:31)

Además, otro objetivo del Hiyab es proteger a las mujeres de cualquier daño
injustificado. En el Occidente observamos a menudo la tendencia a
deshumanizar a las mujeres considerándolas como objetos sexuales.
La pornografía genera en el mundo ingresos que superan la escalofriante cifra
de 57 mil millones de dólares. Esta enorme cantidad supera a todo lo que
facturan juntos en los EE.UU. el fútbol profesional, el béisbol y el baloncesto, y
también supera a los ingresos combinados de las principales cadenas de
televisión del país.
Las consecuencias perniciosas de esta degradación sexual son bien conocidas.
En los Estados Unidos, una de cada tres mujeres ha sido víctima de abuso físico
y sexual, y una mujer es violada cada dos minutos y medio.

Dado que las mujeres son vulnerables a la explotación y el abuso, el islam les
aconseja asumir su protección con sus propias manos:
“Deben bajar sus túnicas externas desde su cabeza sobre su rostro. Esto es
más conveniente para que sean así reconocidas y no molestadas. Pues Allah,
es el Sumo Indulgente, Misericordioso” (33:60)

Así, el Hiyab se erige en una barrera física frente al acoso injustificado.
No es una desgracia o un obstáculo para la mujer; por el contrario, la honra y la
libera de la servidumbre de la sociedad y de los obstáculos que impiden su
avance intelectual, moral y espiritual.
De hecho, al elegir protegerse a sí misma y sus virtudes, una mujer protege la
sociedad de los males sociales, tales como el adulterio, la propagación de la
enfermedad, los niños nacidos fuera del matrimonio, la violación, y el divorcio.
Una mujer no tiene que depender de su belleza física o del vestido con el fin de
contribuir a la sociedad. Su carácter define la paz, la prosperidad y el progreso
de una nación. Por ello, el Profeta del Islam se enfoco en la importancia de la
educación religiosa y secular para los hombres y para las mujeres; de hecho, la
educación es uno de los elementos básicos de una sociedad progresista.
Según el islam, las mujeres tienen el poder de mitigar el sufrimiento, donde
quiera que dirijan sus pasos, y la fuerza liberadora del Hiyab, las convierte en los
arquitectos del destino de las futuras generaciones.
De hecho, la verdadera mujer musulmana no es ni la mujer explotada del
Occidente, ni la mujer bloqueada de los regímenes árabes totalitarios.
No hay que olvidar el hecho de que el propio islam se constituye en salvaguardia
frente una aplicación dura e irracional del Hiyab.
No hay ninguna ley en el islam que castigue a una mujer por no cumplir con el
Hiyab. El objetivo fundamental del Hiyab es proteger a la mujer musulmana y
proporcionarle una mayor libertad para participar en la sociedad.
Allá donde el Hiyab no consigue lograr este objetivo, el islam permite la
flexibilidad de la norma.
Al aprender sobre el propósito del velo en el islam y mi percepción positiva de
las mujeres que se cubren (mujeres musulmanas, monjas, mujeres sagradas,
etcétera) empecé a orar intensamente a Dios para darme la fuerza de adoptar
uno de sus mandamientos y ser una figura que exhibe pureza y fe.

Entonces, la pregunta;
¿Por qué uso el velo?
Bueno, en general porque mi religión, el islam, me lo manda. Dios me lo manda
para mi protección física y espiritual. Lo hago porque estoy orgullosa de mi fe y
quiero destacarme como una mujer musulmana.
También lo hago para separarme de la mayoría que no se cubren y para
parecerme mas a las mujeres que admiraba de niña, como la virgen maría. Para
mi, el velo me empodera, fortalece mi fe en Dios y me recuerda adoptar atributos
y comportamientos nobles y positivos para ganar el amor de Dios. En fin, uso el velo para ser mejor persona, para mí misma y para la comunidad en donde vivo.

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