La Misericordia Personificada – El Santo Profeta Muhammad (sa)

El Santo Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, fue el profeta fundador del islam. Nació de una familia noble en el año 570 d.C., en la Meca (Arabia), y era descendiente del Profeta Abraham (la paz sea con él). El significado literal de la palabra “Muhammad” es “digno de elogio”.

El Santo Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, predicó la unidad de Dios. Dijo que todas las religiones divinas predican el mismo mensaje de unidad de Dios y que, para lograr la paz, el hombre debe cumplir con sus obligaciones para con Dios y para con la humanidad. Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, ayudó a los pobres, liberó a esclavos, protegió a los débiles de la explotación y estableció derechos de igualdad para la mujer. Dijo a sus seguidores que debían conservar la paciencia ante las penurias, hacer plegarias a Dios y confiar en Él. Su misión era erradicar el mal y la desigualdad, y establecer el bien y la piedad en el mundo. Por ello el Corán se refiere a él como “una misericordia para la humanidad”.

Invitó al mundo entero al islam, pero también garantizó a todos una libertad absoluta para practicar su religión, fuere cual fuere, bajo la protección del islam.

Su vida también es excepcional porque en el período de sesenta y tres años que vivió, tuvo que hacer frente a toda clase de experiencia humana: de la pobreza a la riqueza; del fracaso al éxito; de ser una voz solitaria en pro de la paz y la justicia, a poseer un poder indiscutible; de sufrir la persecución a poseer una autoridad real.

Se resignó a ser un huérfano, fue un afectuoso niño adoptado, un comerciante honesto, un marido cariñoso, un buen padre, un vecino atento, un general distinguido, un juez justo, un estadista ilustrado, un amigo fiel y, sobre todo, un Profeta y predicador de la Palabra de Dios.

Falleció en el 622 d.C., dejando atrás una comunidad piadosa y justa de creyentes que continuó con su misión de propagar el islam en todo el mundo a pesar de todas las adversidades. Hoy en día hay más de mil millones de musulmanes en el mundo.

Santo Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, reflejó a la perfección cada una de las diversas etapas de la vida del hombre: fue un modelo ejemplar para jóvenes y ancianos, padres e hijos; amigos, parientes y vecinos; para el gobernante y el ciudadano y para dignatarios y santos. Dios dice en el Santo Corán:

“En verdad, tenéis en el Profeta de Al-lah un dechado de virtudes, para quien teme a Al-lah y al Último Día y se acuerda mucho de Al-lah”.
Corán 33:22

 


Cierta persona preguntó al Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él): “¡Oh Mensajero de Dios! ¿Qué acto de caridad es el que posee la recompensa más grande?” El Mensajero de Al-lah respondió: “Si das por caridad mientras disfrutas de buena salud, cuando te encuentras en estado de necesidad, y cuando temes a la pobreza y deseas convertirte en rico.” (Mishkah)

El Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo: “Buscadme entre el débil y el pobre; en verdad estáis sostenidos y mantenidos gracias a su trabajo.” (Tirmidhi)

Dejad tras vosotros buenas obras, para que crezcan y produzcan su fruto después de haberos ido. La virtud reside en dar a los demás, no en recibir de ellos. Aprended a renunciar para estar más cerca de Dios. Practicad la abnegación por amor a vuestro prójimo, y para multiplicar vuestro crédito ante los ojos de Dios.

El Santo Profeta Muhammad, la paz y bendiciones de Dios sean con él, en su preocupación por proteger los intereses de los pobres y los necesitados, llegó incluso a establecer que no se diera nada por caridad a sus descendientes, temiendo que los musulmanes, por devoción y amor a él, llegaran con el paso del tiempo, a hacer de sus descendientes el objeto principal de su caridad, privando así a los pobres y necesitados de la parte que les correspondía. En una ocasión, alguien le presentó una cierta cantidad de dátiles ofreciéndolos en caridad. Su nieto Imam Hasan (ra), que en aquel entonces tenía dos años y medio, que se encontraba por casualidad con el Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, cogió uno de los dátiles y se lo metió en la boca. El Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, en seguida puso el dedo en la boca del niño y retiró el dátil, diciendo: “No tenemos derecho. Pertenece a los pobres de entre las criaturas de Dios.”

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