Ramadán

La filosofía del Ramadán

Todos los años millones de musulmanes ayunan intensamente durante treinta días, lo que se conoce con el nombre de Ramadán. Pero, ¿cuál es la filosofía detrás de este mandamiento? En este artículo explicamos cómo se lleva a cabo el mes del ayuno, y analizamos por qué se considera tan esencial en la actualidad, a la vez que refuta la idea de ser una tradición del pasado, y enfatiza lo importante y necesario que es en el presente.

Charles Steadman, España

Este año, a primeros de mayo, millones de musulmanes en todo el mundo comienzan el ayuno del mes de Ramadán, durante un período de treinta días, aunque puede variar dependiendo del año y de la posición geográfica. Mucho antes de que amanezca, se levantan, toman un desayuno ligero, y hacen las oraciones de la mañana; para luego abstenerse de comer, beber y de mantener relaciones matrimoniales hasta la puesta del sol, cumpliendo así con uno de los pilares más importantes del islam. Durante este mes, harán el esfuerzo de desconectarse, en la mayor medida posible, de sus preocupaciones diarias mundanales, con el fin de dedicar más tiempo a sus vidas espirituales.

Cada persona, en su propia vida, larga o corta, ha de tener el objetivo de entender el significado de esta, y prepararse para su final. Todas las grandes religiones nos enseñan que es mejor no dejar este tema para cuando sea demasiado tarde, y es en ese sentido, donde el Ramadán proporciona una oportunidad para centrarnos en este aspecto de nuestra existencia.

En este artículo explicaremos cómo se debe practicar el ayuno en el mes del Ramadán; por qué el islam hace tanto énfasis en este mes, y cómo, entre otras cosas, es considerado un antídoto esencial contra el materialismo y el hedonismo de nuestro tiempo. Además, señalaremos cómo incluso personas que no tienen un motivo religioso específico, realizan varios tipos de ayuno para obtener los beneficios que les ofrece a su salud física.

La obligación de ayunar está claramente señalada en el Sagrado Corán:

“¡Oh creyentes! se os prescribe el ayuno, como fue prescrito a los que os precedieron, para que seáis justos.” (2:184).

Este versículo también explica la sabiduría del ayuno. Conseguir el progreso espiritual y alcanzar una mayor cercanía a Dios Todopoderoso son las razones fundamentales para ayunar en el mes de Ramadán. Pero, al igual que los otros mandamientos del islam, el Ramadán no se limita solo a los elementos temporales y espirituales de la vida. Las implicaciones sociales, económicas, políticas, espirituales, e incluso psicológicas, hacen que la práctica del ayuno sea un todo consistente y global.

Filosofía espiritual y moral

Para los musulmanes, ayunar es un acto de obediencia y sumisión a Dios, y nace de ese deseo profundo de progresar, de realizar una lucha diaria para vencer la maldad existente nuestro interior, y convertirnos en mejores personas. Obtener el agrado Divino de esta forma sería, en sí misma, una razón suficiente para ayunar.

El ayuno es una expiación de nuestros errores y defectos. Tanto es así que el Profeta Muhammadsa, el fundador del islam, hizo tanto énfasis en el ayuno, que lo incluyó dentro de los cinco pilares de la fe islámica, y dijo al respecto:

“A quien ayuna en el mes de Ramadán por su fe, y buscando el agrado de Al-lah, sus errores pasados le serán perdonados”1.

Se puede decir que el ayuno es una forma de entrenamiento, ya que si un creyente puede abstenerse de cosas lícitas como tener relaciones íntimas con su cónyuge, comer y beber, entonces estará mucho mejor preparado para resistir la tentación de aquellas cosas que no le están permitidas. A su vez nos enseña la sinceridad, puesto que se basa totalmente en la auto-restricción2. Al fin y al cabo, sería muy fácil fingir que uno está guardando el ayuno y luego romperlo en secreto. Por tanto, se trata de una disciplina que requiere un alto grado de sinceridad y de fe, basada en la creencia de que Dios es Omnisciente, Quien todo lo ve, y que llegará un momento en el que cada ser humano tendrá que enfrentarse a las consecuencias de sus actos realizados en esta vida. Al mismo tiempo, el ayuno es como un espejo en el que el creyente puede mirarse y evaluar el estado de su fe. ¿Se enfrentará, pues, a las dificultades del ayuno con la seriedad de un atleta olímpico que se entrena duro sabiendo que representa a su país ante todo el mundo, o acaso se volverá reticente, buscando atajos, y contando los días que faltan para el final de dicho mes?

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Ayunar no solo requiere que nos abstengamos de la comida, la bebida y las relaciones sexuales legítimas; también requiere que nos abstengamos de todo vicio y maldad. En este respecto El Santo Profeta Muhammadsa dijo:

“En verdad, el ayuno es como una protección. Por tanto, cuando uno de vosotros esté ayunando, que no hable de forma inapropiada ni actúe neciamente. Si alguien disputa con vosotros u os insulta, decid: estoy ayunando, ciertamente estoy ayunando”3.

“Si uno no abandona la falsedad en sus palabras y hechos, Al-lah no necesita de este individuo que abandone la comida y la bebida”4.

Tras el comienzo del ayuno antes del amanecer, el musulmán lo rompe inmediatamente a la puesta de sol, sin ningún retraso. Pero esto no debe convertirse en una ocasión para atiborrarse de comida y bebida. Tal práctica supondría una contradicción con el espíritu del ayuno, y nos alejaríamos del ejemplo del Santo Profetasa, que todo musulmán sigue. En todo caso, también sería dañino para nuestra salud. La tendencia general es hacerlo como Dios determina en el Sagrado Corán, originando multitud de beneficios que se derivan del mismo5.

El espíritu del Ramadán, con las oraciones voluntarias de la noche, la recitación frecuente del Sagrado Corán, y las súplicas especiales, proporciona al creyente la oportunidad de experimentar un renacimiento espiritual, que, acompañado de la autodisciplina, ayuda también a controlar sus necesidades y deseos. No obstante, la recompensa de nuestro ayuno está exclusivamente en Dios, y dependerá de nuestra sinceridad, el amor y temor a Dios; y la honestidad con la que hayamos pasado dicho mes. El compañero del Profeta Muhammadsa, Abu Hurairara en una ocasión comentó:

“Hay muchos que ayunan y no obtienen nada de su ayuno salvo el hambre y la sed; y muchos que rezan por la noche y no obtienen nada de sus oraciones excepto el desvelo”6.

Filosofía psicológica y social

Durante el Ramadán, el creyente tiene que cambiar su rutina para ser capaz de adaptarse a los cambios en las circunstancias y los sucesos. En el seno del islam, millones de musulmanes en todo el mundo siguen las mismas regulaciones, y esto promueve un sentimiento de hermandad y unidad, y también un ambiente de piedad. El Cuarto Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Su Santidad Mirza Tahir Ahmadra dijo en uno de sus sermones:

“El Ramadán es un periodo en el que los corazones están inclinados hacia la rectitud. Es importante aprovechar esta atmósfera de piedad. Las puertas del paraíso se abren gradualmente, y las puertas del infierno se cierran. Las puertas del cielo y el infierno que se mencionan en el hadiz (relatos del Santo Profeta Muhammadsa son las puertas de nuestro propio mundo interior. El satán encadenado es el satán de nuestro propio ego. Como resultado, cualquier persona piadosa progresa en la virtud; pero para alcanzar tal virtud el hombre depende de la misericordia de Dios. Por su parte, el hombre tiene que esforzarse duramente para limpiar sus impurezas, de forma que sus esfuerzos y súplicas atraigan la misericordia de Dios”7.

La abstención legítima y voluntaria de comida y bebida hace que el creyente aprecie las bondades de Dios que normalmente damos por hechas en el curso de nuestra vida. Promueve también la caridad hacia el pobre y el necesitado, ya que una persona rica se muestra más cercana a los sufrimientos del pobre cuando experimenta por sí misma los dolores del hambre y la sed. El Santo Profetasa incrementaba sus muy elevados estándares de caridad durante el mes de Ramadán, y por esta razón a este mes se le conoce también como el mes de la caridad y la generosidad.

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Muchos científicos musulmanes y no-musulmanes han escrito sobre los beneficios del ayuno tanto físicos como médicos, o el de ayunar en combinación con dietas especiales; y no hay duda alguna que estos beneficios existen. En “Genes & Development” (Genes y desarrollo”),  J. Koubova muestra cómo el cuidadoso control de la toma de calorías lleva al incremento de la longevidad8. En un estudio publicado recientemente por un equipo de científicos del Baylor College of Medicine en Texas EE.UU liderado por la doctora Ayse Leyla Mindoglu, el ayuno islámico es considerado como una posible forma efectiva y de bajo coste en la lucha contra la obesidad. Según el periódico El Confidencial “los investigadores observaron un incremento en los niveles de unas proteínas llamadas tropomiosina (TPM) 1, 3 y 4 en el ayuno. Esta cadena de aminoácidos cumple una serie de funciones vitales para nuestro bienestar, dado que se encargan de la reparación celular y, además, su presencia está claramente asociada a una respuesta adecuada de la insulina. La carencia de esta última es lo que conocemos como diabetes”9. Sobre este respecto, se podrían añadir numerosos beneficios tanto físicos como espirituales, algo que ampliaremos en artículos posteriores.

Rasgos distintivos del ayuno islámico.

Primero habría que destacar que, al contrario de las prácticas de ayuno en otras religiones, en el islam las pautas a seguir están prescritas en detalle en el Sagrado Corán y se han recogido detalladamente también en los ahadiz (tradiciones), que nos explican de qué manera el propio Profeta Muhammadsa practicaba el ayuno. Todos los musulmanes tienen la obligación de ayunar, aunque se contemplan algunas excepciones. Por ejemplo, están exentos aquellos que estén enfermos o tengan una salud delicada, las mujeres embarazadas o lactantes, o aquellos que estén viajando; a estos no se les permite guardar el ayuno. En este sentido, si las circunstancias se lo permiten, deben recuperar los días de ayuno perdidos con posterioridad, en el mismo año. Por su parte, los niños no deben ayunar, y los adolescentes sólo deben hacerlo gradualmente, incorporando el hábito a sus vidas, ayunando sólo unos días al comienzo, para después, poco a poco, incrementar el número de días a lo largo de los años, de forma que, alcanzada la madurez, puedan ofrecer el ayuno completo.

Hay que destacar que el Ramadán es el séptimo mes del calendario lunar islámico, y por tanto la fecha del primer día de Ramadán tendrá lugar cada año, más o menos, diez días antes (del año anterior), de acuerdo con el calendario lunar. En este sentido, si un musulmán guarda el ayuno a lo largo de un período de 36 años, habrá experimentado el ayuno en cada estación del año, desde los días largos y calurosos del verano, hasta los más cortos del invierno. Y ya que el ayuno se observa en varias estaciones del año a lo largo del tiempo, las ventajas y desventajas de vivir en una región en particular se equilibran, al igual que ocurre con la fruta de temporada. Por ejemplo, aquellos que viven en países norteños o sureños no tienen que soportar las dificultades causadas por el calor de las regiones ecuatoriales, pero tienen que guardar ayunos más largos en los meses de verano.

Otra razón por la se utiliza el calendario lunar es para proveer a los musulmanes a lo largo de todo el mundo de un sistema astronómico inalterable, indiscutible y universal para determinar el comienzo y el final del mes del ayuno. El Sagrado Corán dice:

“Te preguntan por los novilunios. Diles: “son un medio de medir el tiempo, para el bien general de la humanidad…”10

Por otro lado en el hadiz [tradiciones del Santo Profeta Muhammadas] se narra:

“Comed hasta que veáis la luna creciente y no dejéis (el ayuno) hasta que volváis a ver la luna creciente. Si está nublado calculad el período del mes”11.

Esto quiere decir que el ayuno debe comenzarse cuando se observa la luna creciente, y termina con la aparición de la siguiente luna creciente, lo cual indica la conclusión del ciclo lunar.

Esta práctica universal del ayuno islámico, establecida hace más de 1.400 años apoya la proclamación del islam como religión universal.

La importancia del ayuno en el mundo de hoy

Vivimos en una sociedad global en la que, por desgracia, imperan una serie de ideas tácitas y sutiles que tienen una influencia cada vez más grande en la sociedad moderna. Bernardo Kastrup lo ha llamado “materialismo metafísico”12, que significa elevar el materialismo puro y duro a conclusiones filosóficas, que expresan que la consciencia sólo existe cuando el cerebro alcanza un cierto nivel de complejidad, y que, por tanto, cuando el cerebro deja de existir, la consciencia también deja de existir, por lo que no puede haber vida después de la muerte. Sin embargo, el islam se opone totalmente a esta idea, aunque a día de hoy varios tipos de estas ideas insidiosas se están haciendo muy populares. Dichas ideas tienen un fuerte efecto subconsciente en las reacciones de la gente, sus actitudes y valores. Está detrás del apego sin igual que Occidente posee a las cosas materiales y la urgencia de alcanzar ese éxito a su vez material. Lleva a la gente a trabajar largas horas y tolerar condiciones difíciles de trabajo para simplemente mejorar su estatus y su situación financiera muy por encima de niveles aceptables, mientras que gastan su salario, duramente ganado, en cosas innecesarias y en la renovación anticipada de cosas que ya poseen. Básicamente nadie está inmune a los efectos inmensos y subliminales del materialismo, incluidos aquellos que proclaman seguir alguna de las grandes religiones que hemos mencionado.

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Por esto, la práctica del ayuno durante el Ramadán es importante, pues reafirma al creyente frente a las influencias materialistas que fomentan el egoísmo y la ausencia de solidaridad.

El fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Su Santidad Mirza Ghulam Ahmadas ha expresado, de la siguiente manera, cómo el espíritu del Ramadán debería inculcarse en todo creyente verdadero:

“Cada día, Dios Todopoderoso registra las acciones de cada individuo. Por lo tanto, cada persona debería tener un registro de sus actividades diarias y debería reflexionar sobre ellas y preguntarse si ha hecho o no algún progreso en la práctica de sus actos virtuosos. El día de hoy y el de mañana no deberían ser iguales. Si nuestro hoy y nuestro mañana son iguales en lo que respecta a la realización de actos virtuosos, entonces habremos fracasado. Cualquier persona que crea en Dios Todopoderoso y tenga fe firme en Él, nunca se echará a perder. De hecho, cientos de miles de personas pueden verse salvadas gracias a este individuo13.”

Referencias:

1.Sahih Bujari, capítulo 2, Hadiz nº 38.

2.“El ayuno”, Salim Ahmad Malik, The Review of Religions, vol. 94, n. 12.

3.Sahih Bujari, capítulo 31, Hadiz nº 1894.

4.Sahih Bujari, capítulo 79, Hadiz nº 6057.

5.“La adoración islámica”, Sir Muhammad Zafrullah Khan. Extracto publicado en The Review of Religions, vol. 96, n. 10/11.

6.Sunan Ibn Majah, capítulo 9, Hadiz nº 1690.

7.Su Santidad Mirza Tahir Ahmad. The Review of Religions, Sept. 2002, vol. 97, issue 09

8.Genes & Development; Koubova, J; 17(3):313-321 (2003)

9.Álvaro Hermida; “Resulta que uno de los ayunos más adelgazante es el Ramadan” https://www.alimente.elconfidencial.com/nutricion/2019-05-29/adelgazar-horarios-amanecer-anochecer-ramadan_2040738/

  1. Sagrado Corán, 2:190.

11.Sunan Ibn Majah, capítulo 9, Hadiz nº 1654.

  1. ‘Materialism is Baloney’ Bernardo Kastrup.
  2. Malfuzat, Vol. 10, pag. 137, 1985, Reino Unido

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