¿Por qué peregrinan los musulmanes a la Meca?

Un estudio arqueológico para trazar los orígenes de la Kaaba


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La Kaaba es indiscutiblemente el santuario más sagrado y venerado del islam. Este artículo explora los orígenes de la Kaaba e intentará aclarar la dialéctica cada vez más confusa que ha surgido desde entonces entre los que niegan los orígenes antiguos de la Kaaba y los que aceptan con firmeza su legado histórico.

Hace dos años se batió el récord de tres millones[i]. Por primera vez en la historia, más de tres millones de peregrinos, culturas y nacionalidades, descendían por un estrecho tramo de tierra en el corazón de Arabia para cumplir sus obligaciones como musulmanes. La congregación anual del Hall requiere que los asistentes visiten una serie de monumentos espirituales y sacrosantos en un radio de treinta kilómetros  en cinco a seis días. Uno de tales monumentos es indiscutiblemente el santuario más sagrado y venerado del islam, el punto cardinal que el mundo musulmán utiliza para alinearse diariamente en postración a Dios. Se llama la Kaaba, que se traduce literalmente del árabe como “el cubo”, pero que se conoce también como Baytul Haram o “la Casa Sagrada”. Para los musulmanes, su santidad proviene de dos fuentes principales. En primer lugar, se ordenó al Profeta Mohammad(sa) restituir su función original al templo previamente idólatra, como símbolo unificador de Dios y de monoteísmo, y en segundo lugar, el Corán reivindica que es “la primera Casa fundada para la humanidad”[ii] (la palabra “casa” se refiere a un lugar de culto). La última afirmación ha sido causa de un ruidoso debate, no solamente entre los musulmanes y no musulmanes, que discuten sobre la legitimidad de tal reivindicación, sino también entre los círculos intelectuales musulmanes que permanecen divididos a la hora de trazar sus antecedentes cronológicos y no se ponen de acuerdo en la fecha en que en realidad fue construido.[iii] Partiendo de esta premisa, este artículo explorara el tema de los orígenes de la Kaaba e intentará aclarar la dialéctica cada vez más confusa que ha surgido desde entonces entre los que niegan los orígenes antiguos de la Kaaba y los que aceptan con firmeza su legado histórico.


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El papel de la arqueología es fundamental para explorar esta y otras cuestiones pertinentes, como la evidencia física de la Kaaba y hasta cuando se remontan sus orígenes. ¿Se remonta su origen en las primeras poblaciones humanas —es decir, Adán y su comunidad— o fueron acaso Abraham y su hijo Ismael los individuos responsables de su construcción inicial? Era necesario explorar tales cuestiones a la hora de considerar los orígenes de este edificio único y, si se demuestra que son exactas, no sólo   restablecerían la validez del Corán como fuente de conocimiento, sino que también reafirmarían el vínculo espiritual asociado con el lugar del Kaaba y los alrededores de la Meca, la ciudad en la que está situada este monolito. Si un libro revelado hace mil quinientos años pudo afirmar con precisión que cierta estructura fue el primer lugar de culto monoteísta y unificado para la humanidad, antes de los avances de la arqueología y la datación por radiocarbono, la naturaleza divina de tal texto escrito se refuerza aún más. Teniendo esto en cuenta, es necesario comenzar desde la primera época era para intentar comprender cómo y cuándo se creó esta estructura.

 Orígenes: La migración de humanos y Adán como primer peregrino


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Hace aproximadamente ciento cincuenta mil años, el moderno homo sapiens habitaba exclusivamente en África. Los humanos eran escasos y dependían de la caza y la recolección para su subsistencia y supervivencia, y vivían en pequeñas comunidades de diez a quince personas[iv]. Alrededor del año 60.000 a. C., habíamos colonizado una gran parte del sur y este de África y continuamos expandiéndonos territorialmente, sintiendo la necesidad de explorar nuevos horizontes. Fue esta estrategia expansionista la que llevó a nuestros primeros antepasados ​​a emprender viajes más allá del continente en el que se sentían tan familiarizados. Curiosamente, la ruta más práctica habría sido la de continuar hacia el oeste, hacia el África central y occidental, que permaneció relativamente deshabitada y desconocida por otros humanos. En cambio, la ruta que eligieron fue la el este, hacia la extensión de tierra conocida como Hejaz, que se extiende a lo largo de la costa occidental de la Península Arábiga[v].

La importancia de esta decisión en esta discusión proviene del conocimiento de que la Meca, y por extensión la Kaaba, están situadas dentro del Hejaz. De hecho, la capital moderna del municipio saudí de Hejaz es la Meca. Por lo tanto, la primera pregunta que surge de inmediato a la mente es ¿por qué? ¿Por qué los primeros grupos de migrantes emprendieron un viaje hacia el este y, en última instancia, cerca del lugar que iba a albergar la “primera casa de adoración” según el Corán?

Aquí es necesaria una breve digresión para abordar un problema fundamental. Los eruditos islámicos coinciden en que la Kaaba, en el momento en que se diseñó por primera vez, se había degenerado casi por completo antes de que Abraham la volviera a construir. Hazrat Mirza Nasir Ahmad, Tercer Líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, lo resume mejor. Escribe:

“La progenie de Adam, que se había dispersado para convertirse en naciones separadas y distintas, y que disfrutó de la compañía de sus profetas exclusivos, perdió todo el interés por la Casa de Al-lah fundada para toda la humanidad. Descuidaron la Casa de Al-lah hasta tal punto, que se borraron incluso las huellas de esta Casa, la Kaaba, a consecuencia de las vicisitudes de la vida, por la falta de mantenimiento y por no estar habitada”[vi].

Esto deja a los arqueólogos con un enigma paradójico. Si no existía rastro de la Kaaba antes de Abraham, ¿cómo podemos encontrar evidencia de su antigua existencia? Y si carecemos de evidencia de su antigua existencia, ¿cómo podemos demostrar que la Kaaba fue la primera “casa” fundada para la humanidad? Este problema metodológico no es raro para los arqueólogos que exploran nuestro pasado remoto. Muy pocos artefactos y materiales consiguen sobrevivir tanto tiempo, y el material orgánico —cualquier cosa hecha de madera, cuero, materiales vegetales, etc. — no sobrevive casi nunca salvo que se preserve en ciertas condiciones especiales. En cambio, los arqueólogos se basan en pruebas secundarias, siendo un ejemplo la migración de los primeros humanos a tierras lejanas como Indonesia y Australia. Sabemos que debieron haber viajado en algún tipo de barca para llegar a tales lugares, pero la evidencia de barcas de madera o balsas es casi inexistente debido a problemas de preservación o de tafonomía. Del mismo modo, se puede indagar la existencia de la Kaaba a través de pruebas secundarias, como, en este caso, con la primera migración de los humanos a la Hejaz. Desde el principio, se puede considerar la noción de que el área de la Meca tenía un atractivo casi gravitacional, inspirado por la divina munificencia. Esto no confirma en absoluto que esta fuera la razón por la que los humanos se desplazaran hacia el este, pero podría haber dado a luz a la noción de peregrinación. El concepto general de peregrinación se basa en la idea de un viaje agotador. Incluso los peregrinos modernos, con apoyo de los avances tecnológicos en el transporte, se preparan con mucha antelación para las pruebas e inquietudes que están asociadas con todo el proceso. Es probable que nuestros primeros antepasados ​​hubieran santificado este primer pasaje fuera de África mediante la construcción de un lugar de culto, y lo hubieran visitado de nuevo para conmemorarlo; siendo en esencia, el primer precursor del Hajj.

En cuanto al debate teológico sobre el papel de Adán en la construcción de la Kaaba, parece ser que fue su arquitecto original y, por lo tanto, el Halli [peregrino] original. Aunque algunos académicos musulmanes no están de acuerdo con esta afirmación[vii], en lugar de afirmar que el nacimiento de la Kaaba coincidió con Abraham, la posición de Adán como la primera persona en emprender el Hall está respaldada firmemente por figuras prominentes de la historia islámica (por ejemplo, al-Tabari, al-Qurtubi, Ibn Kathir e Ibn al-Jawzi).[viii] Hazrat Mirza Nasir Ahmad defendió de manera similar esta afirmación en una investigación exhaustiva del tema. En este sentido, escribe: “Dios Todopoderoso, en Su perfecta sabiduría, hizo descender la revelación a Adán e hizo reconstruir Su Casa para todos los pueblos de esa época y vinculó a ella a todos los descendientes de ese Adán”.[ix]

Esto deja a los arqueólogos con un enigma paradójico; Si no había rastro de la Kaaba antes de Abraham, ¿cómo podemos seguir buscando pruebas de su antigua existencia?

Aparte de esto, el Corán, haciendo referencia a la construcción de Abraham de la Kaaba, dice: “…Purificad Mi casa para los que hacen el circuito y para los que permanecen en ella por devoción y para los que se inclinan y se postran en oración”.[x] La palabra clave aquí es “purificar”. Si no existiera una asociación previa con la Kaaba o incluso con La Meca como lugar de culto, el verbo “purificar” se consideraría redundante ya que un nuevo edificio es puro por naturaleza. La mención de la palabra “purificar” sugiere que había existido anteriormente pero que había caído en un estado de desuso, o incluso de mal uso, requiriendo posteriormente la purificación a través de Abraham. Como tal, parece que el manto del primer Halli se puede atribuir con seguridad al de Adán en lugar de Abraham.

El legado de la Kaaba y los orígenes de la civilización

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Lo fascinante desde una perspectiva arqueológica es que, al parecer, la Kaaba ha creado  un legado desde tiempos  muy antiguos, un legado que se transmite a través del panorama más amplio. Varios yacimientos arqueológicos pertenecientes al período neolítico se asemejan a un patrón particular en su composición estructural, específicamente en la arquitectura asociada con la construcción de templos. Unos diez mil años a. C., la introducción de la agricultura en el Neolítico hizo que las comunidades abandonaran poco a poco sus estilos de vida nómadas y, por primera vez, crearan asentamientos ocupados, en los que algunos contenían importantes santuarios de reverencia.[xi] La evidencia de los yacimientos arqueológicos del Medio Oriente tiene similitud a un patrón determinado de veneración o culto religioso. Muchos de estos templos son notablemente similares en su composición, que consiste en un recinto circular con una o varias estructuras centrales de piedra que constituyen el punto central de atención. Lugares como Altit Yam de Israel y, en especial, Gobekli Tepe deTurquía ofrecen ejemplos de las fenomenales características arquitectónicas que las comunidades comenzaron a construir.[xii] Gobekli Tepe, en particular, está repleta de enormes losas y recintos megalíticos similares que, a pesar de su opuesta finalidad, se parecen a lo que podrían haber parecido la Kaaba y sus alrededores inmediatos. Esta práctica habitual no se limitaba a la región árabe moderna actual. Agar Qim, en Malta, que data unos tres mil seiscientos años antes de Cristo, es otro increíble compuesto megalítico compuesto de piedras colocadas dentro de recintos circulares.[xiii]

Alrededor del 3.000 a. C., el concepto de agricultura que se originó en Medio Oriente llegó a las Islas Británicas, y los seguidores de este estilo de vida comenzaron a construir otro centro de culto sagrado y monumental: la famosa estructura circular conocida como Stonehenge. Stonehenge no es una excepción en Gran Bretaña. Se calcula que se erigieron más de un millar de círculos de piedra en todo el Reino Unido, ampliando su alcance hasta el extremo norte de Escocia. Sin embargo, lo peculiar de Stonehenge es que pronto se relacionó con un lugar de peregrinación. Estudios recientes sobre el cuerpo de un hombre enterrado cerca del lugar, apodado desde entonces Amesbury Archer, han demostrado que había caminado a lo largo del continente europeo, desde Italia hasta Stonehenge, un viaje de más de quinientas millas, como peregrino[xiv]. Por lo tanto, es preciso remontar los orígenes de esta práctica después de su degradación perpetua, ya que se disipó de su núcleo de Oriente Medio.

Teniendo esto en cuenta, la noción del legado de la Kaaba comienza a resurgir como un pensamiento palpable. A medida que se dispersaban las poblaciones de la región de Hejaz, su recuerdo de los conceptos básicos de monoteísmo, singularidad y unidad procedentes de la estructura de la Kaaba fue desapareciendo gradualmente. Al degenerarse aparentemente su santidad con el tiempo debido a  la corrupción de las creencias y la dispersión de las personas de su vecindad inmediata, su existencia pareció disolverse en un recuerdo lejano. Sin embargo, permanecieron sin duda algunos aspectos de su imagen en las construcciones de adoración, que eran claramente visibles en los sitios arqueológicos de esta época. Es probable que la imagen de la Kaaba hubiera sobrevivido durante milenios en todo el Medio Oriente y en otros lugares, pero su concepto original se había desviado tanto de la ideología fundadora que llegó a convertirse en un faro politeísta. El primer proyecto de restauración no comenzaría hasta la aparición de Abraham.

Abraham y el regreso del “Hall”

Durante la época de Abraham, que se creía que fue alrededor del año 2000 a. C., el panorama sociopolítico de Medio Oriente experimentaba cambios fundamentales. La ciudad de su nacimiento es ampliamente reconocida como la de Ur, una capital sumeria que, según estimaciones, en ese momento fue la ciudad más poblada del mundo, con unas 65 mil personas.[xv]

Abraham desempeña posiblemente el papel más importante desde una perspectiva histórica en relación con la Kaaba, y el Corán dice repetidamente que la noción del Hajj, y los primeros rituales vinculados, habían comenzado con él. Declara: “Y acordaos de cuando Abraham e Ismael levantaron los cimientos de la Casa, orando: “Señor Nuestro, acepta esto de nosotros; porque Tú eres el que todo lo oye, el que todo lo sabe”.[xvi] Es evidente que con el advenimiento de Abraham se produjo un cambio fundamental. Anteriormente, la Kaaba, sea cual fuere su forma, había permanecido aislada en medio de un paisaje relativamente árido. Con las oraciones de Abraham en el versículo mencionado anteriormente, comenzó a fructificar la creación de una morada en el área circundante. De aquí nació la ciudad de La Meca, que proporcionó un lugar de seguridad y paz durante miles de años, incluso hasta la época moderna. Desde el punto de vista logístico, la creación de una ciudad dentro de esta región debería parecer ilógica debido a su bajo potencial para productos agrícolas. Un Hadiz (relatos del Profeta Muhammad (sa) ofrece una visión única de las dificultades que padecieron Abraham y su familia. El Profeta (sa) relata:

“Agar le preguntó a Abraham por qué los abandonaba en un valle sin ningún amigo o simpatizante y sin alimento alguno para ingerir. Hizo la misma pregunta varias veces, pero Abraham (probablemente abrumado por los sentimientos) guardó silencio y no respondió. Al final, ella le preguntó si lo estaba haciendo por mandato divino, a lo que Abraham respondió afirmativamente. Entonces, Agar dijo que en tal caso Dios nunca los dejaría perecer. Entonces Abraham volvió y, parado en una loma, donde no podía ser visto por Agar, volvió el rostro hacia la Kaaba y, levantando ambas manos, ofreció esta oración: “Señor, he establecido a algunos de mis hijos en un valle incultivable cerca de tu Casa Sagrada “.[xvii]

Este pasaje determina dos cosas. En primer lugar, que a pesar de la aridez del área circundante, no solamente consiguió desarrollarse una ciudad, sino también florecer durante los milenios posteriores y, en segundo lugar, que la migración de Abraham a Hejaz culminó con la construcción del edificio que personifica el Hall moderno. Durante este período, Medio Oriente fue testigo de una explosión demográfica que resultó en el posterior nacimiento de ciudades importantes. No es de extrañar, pues, que la reconstrucción de la Kaaba esté sincronizada con este episodio de la historia de la humanidad, coincidiendo con un período de gran tensión y agitación sociopolíticas. El Imperio egipcio alcanzaba su apogeo territorial, al igual que el imperio asirio, mientras que los babilonios emergían como importantes protagonistas políticos del este. Los gobernantes políticos, en especial, se asociaban cada vez más con deidades, forzando a sus súbditos a adorarlos como representaciones de Dios en la tierra. El concepto de monoteísmo había desaparecido prácticamente de la opinión pública general. En este contexto, la misión de Abraham no podría haber sido más oportuno, y la creación de una ciudad serena de adoración consagrada a un solo Dios parece aún más sorprendente en contraste con el desarrollo del panorama mundial en este momento. Era necesaria la necesidad de reafirmar la Kaaba como epicentro de adoración. El reconocimiento de esta ciudad comienza a emerger en el registro histórico gracias al desarrollo y crecimiento de la Meca, haciendo así hincapié en sus orígenes lejanos.

La Meca después de Abraham y el regreso de la idolatría.

Un concepto interesante que se refleja en la historia de la Kaaba es su apropiación cíclica como símbolo del monoteísmo, convirtiéndose en santuario politeísta y volviendo de nuevo a su estado original. Este proceso representa una disposición muy similar a la religión en general. Primero se desarrolla el monoteísmo, que con el tiempo se corrompe gradualmente al disiparse las enseñanzas originales, y regresa finalmente la revelación, corroborando el monoteísmo como concepto subyacente. Después de la misión de Abraham, el declive gradual de la Kaaba es notable y comienza a predominar una mala interpretación de su objetivo. A pesar de esta constante erosión de ideales, el punto principal sigue siendo que el lugar de la Kaaba mantiene su imagen de serenidad y reverencia, con relatos históricos que apoyan firmemente la noción de una Kaaba preislámica, previa a Muhammad (sa). Es necesario destacar este último punto, ya que una crítica común de ciertos clérigos no musulmanes es que La Meca fue un asentamiento relativamente nuevo que surgió algunos siglos antes del nacimiento del Profeta Muhammad (sa). En su lugar, encontramos una continua mención de la Kaaba en escrituras históricas bien conocidas y de gran credibilidad, las cuales lo asocian con un templo importante o lugar de culto. El prominente historiador griego Diodoro de Sicilia (que vivió alrededor del 30-60 a.C. y, por lo tanto, unos seiscientos años antes del advenimiento del islam), haciendo referencia la región de Hejaz, toma nota de una estructura “especialmente venerada por los nativos” y continúa diciendo que “existe un altar de construido con piedra dura y de mucha antigüedad […] ante la cual se abarrotan los pueblos vecinos de todas partes”.[xviii] La descripción coincide totalmente con la de la Kaaba, por ser una estructura muy venerada, construida de mampostería y visitada por gente de tierras lejanas. De igual manera, el erudito greco-egipcio Ptolomeo (nacido alrededor de 90AD) compiló una historia, en la que se refiere a un área en el corazón árabe como “Macrobia”, que por lo visto fue un híbrido greco árabe para el nombre de La Meca.[xix]

Incluso la Biblia se refiere al valle circundante como un área frecuentada por peregrinos y considerada por un amplio grupo demográfico como un importante santuario. En el libro de los Salmos, se observa: “Bienaventurados los que moran en tu casa; continuamente te alaban. Bienaventurados aquellos cuya fortaleza está en vosotros, cuyos corazones están en peregrinación. Atravesando el Valle de Baka, lo convierten en manantial; las lluvias del otoño también llenan los estanques”.[xx] Baka es ampliamente reconocido como el nombre del valle que rodea a la Meca. De hecho, el Corán también hace referencia a este nombre. Dice: “En verdad, la primera Casa fundada para la humanidad es la de Baka …”[xxi]  Algunos eruditos cristianos se apresuran a negar esta afirmación, pero su contexto es irrefutable. Baka o Becca es donde está situada La Meca, y esta noción solo se refuerza con la referencia de “tu casa” y “un lugar de manantiales” en los versos de los Salmos; La Meca es famosa por sus manantiales, como el de Abi Zam Zam, que brotó a la llegada de Abraham. El conjunto de pruebas que se refieren a los orígenes antiguos de la Kaaba solo se refuerza con tales referencias explícitas en el texto histórico. Incluso las representaciones en fuentes históricas posteriores sugieren que el prominente líder militar Alejandro Magno (que vivió en el siglo IV a. C.) visitó la Kaaba durante sus campañas hacia el este, aunque esto sigue siendo cuestionable.

Es evidente que el lugar de la Kaaba se asociaba continuamente a algo de gran respeto y reverencia. Incluso se hace referencia a gobernantes prominentes que, reconociendo su santidad, enviaban regalos al lugar, como lo hizo Sasan, el antecesor de la dinastía persa sasaní.[xxii]  Al ser conocida en tierras lejanas, no es improbable que algunos profetas hubieran viajado al lugar para convertirse en Hallis.

Finalmente, le correspondió al Imperio Nabateo asumir la tarea de salvaguardar la Kaaba y continuar su asociación como lugar de peregrinación, pero lo hicieron bajo su doctrina de culto a los ídolos. Los Nabateos, famosos por su destreza arquitectónica y la construcción de templos en roca como en Petra y Madain Saleh, impusieron sus ídolos en la Kaaba, más bien, en su interior. Se estima que se almacenaron unos tres mil sesenta ídolos dentro de la estructura, uno para cada día del año.[xxiii]  Los árabes recibieron su influencia y rituales hasta la llegada del Profeta Muhammad (sa). Dos deidades en particular, Al-Lat y Al-Uzza, se mencionan en innumerables historias y relatos del Profeta Muhammad(sa) que hacen referencia al alcance religioso prevaleciente en el siglo séptimo D.C., ya que la tribu a la que pertenecía el Profeta Muhammad(sa )(el Quraish) estaba sometida a estas dos deidades. Es evidente que todo lo anterior destaca la vinculación de la Kaaba, y su continuo reconocimiento, a un santuario irrefutablemente sacrosanto, y los informes históricos proporcionan pruebas suficientes para corroborar esta afirmación.


Muhammad (sa) y la remodelación final de la Kaaba


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En la época del Profeta Muhammad (sa) en el siglo VII d. C., la ciudad de La Meca seguía siendo un lugar central de peregrinación. Los custodios de la Kaaba eran la tribu de los Quraish, quienes se veían obligados por los clanes de Arabia a proteger y acoger a los fieles a este Santuario. Profeta Muhammad  (sa) respaldó esta creencia de acceso, salvo con una notable excepción: así como Dios era Uno para toda la humanidad, la Kaaba debería considerarse como una representación de la unidad y la universalidad para toda la humanidad, por lo que los diversos ídolos y tótems fueron eliminados sin ser reemplazados por nada, aparte del propio bloque de mampostería. Lo importante no era necesariamente la estructura, sino más bien el símbolo para reforzar la creencia en el monoteísmo y la creencia en un solo Dios.

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Por lo tanto, la llegada del islam condujo a la llegada de la continuidad de la Kaaba. Tras cambiar de manos, cambiar de carácter, cambiar el propósito y cambiar la práctica religiosa, el Profeta Muhammad (sa) regresó al Santuario y eliminó por última vez cualquier contenido parecido a la idolatría. La Kaaba continuó personificando el consenso prevalente por naturaleza, erigiéndose ahora como la casa central y monoteísta de adoración para toda la humanidad, al igual que el islam, que afirmaba representar a toda la humanidad. Se mantuvo para siempre como un emblema divino imperturbable y eterno, al igual que el islam, que afirmaba perdurar como la religión eterna de Dios. Se convirtió en el eje hacia el cual todos los musulmanes se orientan como parte de sus cinco oraciones diarias. Existen pocos iconos simbólicos de unidad y singularidad que se igualen al de un conjunto de personas, que actualmente se cuenta por miles de millones, que se detengan y postren al unísono mirando hacia la estructura cuboidea que representa la esencia de su fe. Desde Adam hasta Abraham y Muhammad (sa), la evidencia arqueológica e histórica demuestra que el carácter de la Kaaba proporciona una descripción asombrosamente exacta de actividad religiosa, así como de adaptación. Además, proporciona pruebas sólidas en apoyo de la afirmación de que la Kaaba fue, de hecho, la primera Casa de Culto fundada para la humanidad.

Puedes escuchar el podcast de este artículo aquí:
http://es.reviewofreligions.org/podcasts/


Sobre el autor: Rizwan Safir hizo un máster en la arqueología oriental de la Universidad de Leiden y ha trabajado como Supervisor del sitio para la excavación del Museo Británico en la antigua ciudad de Amara Occidental de Sudán.

Referencias:

[i] “3,161,573 peregrinos realizan el Hall este año”, Embajada Real de Arabia Saudita, 27 de octubre de 2012, http://www.saudiembassy.net/latest_news/news10271201.aspx

[ii] Santo Corán, Sura Al-Hall, versículo 27.

[iii] P. Webb, “El Hall antes de Muhammad: Viajes a La Meca en las narraciones musulmanas de la historia preislámica”, en The Hall: Collected Essays, 2012.

[iv] C. Scarre, The Human Past (Londres: Thames y Hudson, 2005).

[v] S. J. Armitage y S.A. Jasim y A.E. Marks y A.G. Parker y V.I. Usik y H.P. Uerpmann, “La ruta del sur fuera de África: Evidencia de una antigua expansión de los humanos modernos hacia Arabia”, en Science 331 (6016) (2011), 453–6.

[vi] Hazrat Hafiz Mirza Nasir Ahmad, Veintitrés grandes objetivos de la construcción de la casa de Al-lah (2012), 7.

[vii]  Ibn Hisham I: 195, Ibn Habib (1942), 156-7, 178-81, 311-15.

[viii] Al Azraqi I: 43-51, Al Ya’qubi, I: 5-7 y al-Tabari I: 43-51.

[ix] Hazrat Hafiz Mirza Nasir Ahmad, Veintitrés objetivos importantes de la construcción de la Casa de Al-lah (2012), 7.

[x] Santo Corán, Sura Al-Baqarah, versículo 126.

[xi] I. Kuijt, La vida en las comunidades agrícolas neolíticas (Nueva York: Kluwer Academic Press, 2000).

[xii] C. Schmidt, “Gobekli Tepe y los yacimientos neolíticos antiguos de la región de Urfa”, en Neo-Lithics 1/01 (2001).

[xiii] K. Rowntree, “Reinventando los templos de Malta: interpretaciones y agendas contemporáneas”, en History and Anthropology 13 (2002), 31-51.

[xiv] M. Baleter, “Life and Death and Stonehenge”, en Science343 (2014), 20-21.

[xv] T. Chandler, Cuatro mil años de crecimiento urbano: un censo histórico (1989).

[xvi] Santo Corán, Sura Al-Baqarah, versículo 128.

[xvii] Hadiz de Bujari.

[xviii] C.H. Oldfather, Diodorus Of Sicily Volume II, (Cambridge, Massachusetts: London & Harvard University Press, William Heinemann Ltd., MCMXXXV), 217.

[xix] A. J. Wensinck, Enciclopedia del Islam IV (2004) 318.

[xx] Salmos, 84: 3-6.

[xxi] Santo Corán, Surah Al-e-Imran, versículo 97.

[xxii] Al-Masudi (1966), 575.

[xxiii] K. Armstrong, Islam: A short history (Pheonix Publishers, 2001).

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